jueves, 24 de septiembre de 2026

ABRE LA MURALLA

Las vallas, los muros y las murallas son estructuras defensivas, con las que una sociedad intenta defenderse de posibles agresiones externas, ya sean estas reales o imaginarias. Su mera presencia indica un temor latente en su interior y, también, una impotencia ante la amenaza, ante el problema enfrentado. Al erigirlos, muestras tu debilidad y cedes la iniciativa, convirtiéndote así en mero espectador al albur de los acontecimientos.

Los muros son solamente defensivos pero además delimitan un territorio, parcelando la tierra. Lo primero que hizo Rómulo fue marcar el pomerium de su ciudad: los romanos estamos dentro y, los que no lo son, están fuera. Actualmente, cuando compras un terreno, también lo primero que se hace es vallar su límite. Somos animales territoriales por naturaleza capaces de poner puertas al campo.

Pero a largo plazo todas las murallas resultan inútiles y acaban siendo superadas: la Gran Muralla China no impidió que los mongoles conquistaran todo el país; las de Constantinopla terminaron demolidas por los cañones turcos otomanos; la muralla nazi del Atlántico fue penetrada al primer intento y, el muro de Berlín lo derribaron, con bastante entusiasmo, los propios berlineses.

No, a la larga los muros no son muy eficaces, normalmente solo prolongan la agonía. Actualmente, podemos apreciar su eficacia en el muro fronterizo que los USA han construido en su frontera sur –en la norte no se necesita porque, sin estar realmente necesitado, nadie quiere ir a vivir a los EE.UU.–, una muralla que es un colador, que no impide ni detiene la mezcla social y cultural que la sociedad estadounidense experimenta y que gran parte de ella no desea y teme. La valla en Ceuta –me imagino que Melilla también tendrá la suya– es el último ejemplo de su inutilidad. Los muros con los que Israel se ha rodeado también son muestra de impotencia e ineficacia, hasta el punto en el que los sionistas han decidido salir y directamente acabar con su “amenaza”.

Hay otro tipo de muros que condiciona nuestras vidas: son los muros mentales que, en mayor o menor medida, todos construimos. Estos son más difíciles de superar o derribar porque en su interior se refugia el ego.

Los muros transmiten seguridad pero, a la vez dejan intuir una debilidad estructural e impotencia para afrontar adecuadamente el problema; construidos como último y desesperado recurso, son la antesala del fracaso.

CapitánRed

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