jueves, 23 de julio de 2026

Homenaje a Antonio

Trascribo tres poemas del cuaderno que Antonio rellenaba cuando le llegaba la inspiración:

1.
La alegría que no decaiga esa es la llave
para sobrellevar esta vida esa es la clave.
La llave está tan complicada que todos tenemos copia,
así como fotocopia. Abramos pues la alegría propia.
La tristeza hay que desecharla enseguida,
no hay que tener pereza o nos mata la vida.
Enseguida venga la risa; corramos, démonos prisa
porque si hay que morir, muramos… pero de risa.

2.
Yo nací y me siento en y de Jerez de la Frontera.
En Madrid tras cuarenta dramáticos y duros años
por perdida doy ya la cuenta de no contar los daños
que con sañas vengativa y cruel no me hiriera.

3.
¿Y cómo no sentir enojo al verme tan desvalido, viejo y cojo?
En tan extraña tesitura me encuentro lamentablemente
y triste lo mismo da por fuera que por dentro.
Sin mi sur ni este ni norte, un camino solo me queda en la vida:
el camino del oeste para paliar la amargura.

¡ESTAMOS RODEAOS!
Era el grito de guerra de Antonio. Lo cierto es que SÍ ha encontrado la salida a los laberintos que le asfixiaban. Su salud estaba machacada, por tantos descuidos suyos, tantos trabajos (intuyo que su EPOC tenía relación con la química de pinturas y barnices) y la puta mala suerte de que hace años sufrió un atropello en un paso de cebra. A pesar de muchas adversidades, mantuvo su humor siempre, hasta estas últimas semanas en que sentía que le fallaban las fuerzas para su propia autonomía. Le reconcomía no haber podido contactar con sus hijas y posibles nietos, pero sus intentos de reconciliación fueron infructuosos; no así con sus muchos hermanos a los que expresó su afecto a pesar de muchos desaires que sufrió. Doy fe de que era el más inteligente y cultivado de su familia, el más generoso y también sensato… a su forma.

En otros tiempos o con otra familia, su inteligencia natural y deseo de aprender le hubieran llevado a estudiar, aunque fuera en el seminario menor donde tantos chicos de pueblo lograron alejarse de la miseria y alcanzar la universidad. Hubiera sido un buen maestro, como su admirado don Jesús, que en año y medio le avanzó tres cursos porque leía con soltura y entendía al vuelo cuanto se le enseñaba. Pero el hambre de posguerra era terrible para una familia de siete hermanos, padre desaparecido y madre jugándosela con el extraperlo, que pasó meses de cárcel por culpa de esa persecución a los pobres para que sólo el rico hiciera negocios, envuelto en la bandera fascista.

Ha sido un privilegio las muchas horas conversadas acompañadas con una cerveza y él con su sangría sin alcohol y sus aceitunas. Nació el día de Navidad del año 42. Su vida en un barrio de las afueras de Jerez: con ocho años de lazarillo; con diez, en los cortijos; con 14 en la fábrica de ladrillos. Su mili de dos años en el Sáhara, como paracaidista porque se pagaba mejor y como tirador de primera gracias a su buen pulso y mejor vista. Sus años en Barcelona, de pintor (de brocha gorda pero detallista) para los estudios de cine y la huelga y manifestación que le hizo escapar a Madrid por haber tirado un enorme pedrusco a un guardia civil. Allí ya estaba casado y con la primera hija de las cuatro que tuvo. Su trabajo en la construcción y su compromiso en las reivindicaciones laborales con la huelga de Fuenlabrada con piquetes y barricadas de neumáticos ardiendo. Se negó a traicionar a sus compañeros a cambio de un chalet para su familia… de los pocos coherentes que lo han hecho en esta España de pícaros y ladrones, aduladores y aprovechados, trepas y señoritos que sabían qué débil es la moral cuando brilla el oro.

Horas hablando de política y de esta sUciedad, Zoociedad o lo que sea esta amalgama de gente, individuos que no creen en lo colectivo y menos se implican en la lucha por mejorar… salvo el coche, la casa o el lugar donde hacer turismo y poder jactarse en internet. A Antonio le bastaban unas gambas para sentirse feliz, añoraba cuando las compartía con su familia y procuraba agasajar a quien llamara a su puerta.

Antonio, tras 83 años y medio, ya descansa de sus achaques, de los tremendos latigazos que sentía su pierna fantasma cuando iba a cambiar el tiempo, de los dolores de infarto de su corazón enfermo, de la terrible agonía de sentir que no le llegaba oxígeno a sus maltrechos pulmones.
Fue autodidacta: su libro de cabecera "Las mil mejores poesías de la lengua castellana", de J. Begua. En su cuaderno, este listado de autores que deseaba explorar sobre el tema de Don Juan Tenorio, allá por 2013: Lord Byron, Espronceda, Puskin, Zorrilla, Azorín, Marañón, Moliere… Son sus palabras las que corresponde escuchar:

4. Perdón. (fechado en marzo de 2013)
A los que quise o no ofender queriendo o sin querer.
A los que no entendí, a los que no me entendieron.
A los que dañé.
A mis agresores. A mis víctimas.
A quienes quité. A quienes no di.
A mi mujer e hijas sobre todo.
A mi familia de igual modo.
A quienes con o sin razón pude quizás herir.
Perdón.

5. (4/6/2013)
Todo lo destrocé, lo tiré por la borda.
Amores, familia, dinero, hasta la honra
si alguna la tuve la desprecié.
Será tal vez por eso, quizás
que ahora solamente recojo
parte o todo de tanto mal como sembré.
A mí ni me quieren ni me nombran
ni me visitan en el hospital
pese a que me dejaron ya cojo
así fui...así que soy un criminal!

Y no digo que el que esté libre de culpa
que tire la primera piedra porque
¡me lapidan y me entierran!

6. Condenado estoy a muerte: je, je, ya me puedo reír,
pues aunque me asista la suerte, sé que todos vamos a morir.
pero si alguno no muriera eso sería un verdadero milagro.
Si yo en milagros creyera. Por eso ni lo creo ni consagro.
Será un cuento o truco del almendruco por arte o magia
mezclado con el estuco y con el arte de la aerofagia. PROUMM
(sic)

Pues así miraba la vida y la muerte Antonio R.L, con humor y con su gran corazón, con irreductible gusto por las mujeres y con la mano entre derrochona y generosa. Una vida que no cabría en un libro (en ese libro que me decía que debía escribir algún día) tampoco cabe en esta entrada. Pero su recuerdo, leve pero intenso como una buena colonia, sí permanece en cada persona que le conocimos. Me jode no haber estado a su lado sus últimos momentos, porque la aviesa Parca no avisa. Pero me tranquiliza saber que no sufrió una larga agonía: se pudo ir en paz.

A algunos, cada "B.d." que leamos nos recordará a OLORA, su humor y su generosidad.
"TENÍA QUE DECIRLO": Antonio dijo lo que sentía, con su honestidad y sus contradicciones.

Sentido Común,
en nombre de tod@s tus compañer@s del Coral
y de TU Blog para siempre, Antonio.

domingo, 5 de julio de 2026

Vuelos dialécticos

El primer encuentro acaeció en el río, la recuerdo azul radiante, sosteniendo su cuerpo naciente pegado a un junco rodeado de gamonales, sus alas resplandecieron tras una hora que duró la metamorfosis, y el sol encendió hebras azules en el agua de la tarde.

No puedo hablar de las libélulas sin habitar el mundo de la realidad poética, la verdadera realidad palpable. ¿Dónde se halla la fuente en la que aprendemos a caminar por este mundo tan caótico, si no es en la observación de los fenómenos naturales?

Lao Tse dijo una mañana en la antigua China: Mirad cómo la libélula pasa la mayor parte de su vida en el agua, cuando sale se aferra a una planta del estanque para reventar su vestido viejo mientras nace el nuevo. Así se origina el pensamiento, primero permanece en un medio líquido, luego se abre no sin dolor, como la semilla. Y vuela.

Otro día, Leonardo da Vinci, gran amante y observador de libélulas, inspirado en el movimiento asimétrico de los dos pares de alas, dibujó “El hombre de Vitrubio” con las extremidades duplicadas, observación que realizó debido a su gran capacidad visual y a los cientos de horas que dedicó a mirar a esos seres alados tan extraordinarios, así comprendió la anatomía humana al comprobar la asimetría del movimiento y el ritmo de las alas delanteras y traseras de tan bellos insectos.

Siglos más tarde, en la sala de lectura del Museo Británico de Londres, Marx pensaba en la mísera vida que llevaban los obreros ingleses, con los que convivió en los barrios más pobres londinenses. Su corazón empático solicitaba el modo de cambiar esa situación. De nuevo, el estudio del ciclo vital de los insectos abrió un camino en el pensamiento, los cambios que experimentan en sus diversas fases son los mismos que se suceden en la sociedad humana. Marx aprendió e imitó en sus manuscritos la vida de las libélulas, el constante fluir del cambio, la dialéctica entre el movimiento y la quietud, la búsqueda del equilibrio natural de las especies. Demostró que la verdadera riqueza está en la necesidad humana de manifestarse con todas sus capacidades y en el apoyo mutuo entre los seres.
Diseccionó con un bisturí la historia de las sociedades humanas, se ayudó de la contemplación de la estructura visual más compleja del reino animal, los ojos de la libélula, esos dos órganos grandes, de visión dividida, formados por miles de lentes que enfocan al cielo al mismo tiempo que al suelo, mostrando cómo el todo es mayor que la suma de las partes y confirmando las contradicciones que existen en la naturaleza.

El mayor acierto en el encuentro de Marx con las libélulas se halla en el hecho de que la vida de éstas (como la de las mariposas, abejas y otros insectos) encarna las leyes de la dialéctica materialista de forma integral, el cambio y el movimiento, la transformación, la integración y lucha de los contrarios, las tensiones dentro de los fenómenos naturales. Al salir del agua, donde la libélula estuvo en forma de larva, romper su exoesqueleto y renacer como adulta, lo hace con tensión, negando la primera forma de vida, como una muerte y un renacimiento, como hacen las sociedades humanas en busca de la emancipación.

La naturaleza es la escuela continua para enseñarnos la dialéctica, todo se mueve, todo es cambio. La planta muere y produce semillas en una especie de negación, lo viejo muere y nace lo nuevo. El latido del corazón es otro ejemplo dialéctico entre la tensión y la relajación, dos fuerzas contradictorias que mantienen vivo el organismo. Y en otros campos, el agua cambia cualitativamente al aumentar o disminuir la temperatura (se hace vapor o hielo). El fuego se origina cuando el calor produce dentro de las hojas un movimiento desorganizado de los electrones. Dos átomos de oxígeno nos hacen respirar, pero tres átomos lo convierten en ozono. Es el principio de la transformación de la cantidad en calidad, otra ley de la dialéctica materialista.

En palabras de Engels: «Toda la naturaleza, desde sus partículas más minúsculas hasta sus cuerpos más gigantescos, desde el grano de arena hasta el sol, desde el protozoo hasta el hombre, se halla en estado perenne de nacimiento y muerte, en flujo constante, en movimiento y cambio incesante» (Engels, en Dialéctica de la naturaleza).

El estudio de las contradicciones habidas en el mundo natural se repite en el mundo de los humanos como un fractal. Es lo que Marx y Engels observaron, y esta originalidad convierte al marxismo en una verdad científica, en un método asociado a la naturaleza viva, alejado de cualquier visión metafísica.

Si sabemos que en la naturaleza todo está vinculado, si ningún fenómeno se da aislado, si el mundo se halla en constante cambio y transformación, siguiendo la ley dialéctica del desarrollo y del movimiento que extingue lo viejo para que renazca lo nuevo, esto quiere decir que los sistemas sociales no son eternos, que la explotación, la propiedad privada, la mercantilización de la vida, no son eternas, que cuando nos dicen “siempre fue así”, o “no puede ser de otra manera”, como argumentos para mantener el orden impuesto, nos están haciendo tragar con ruedas de molino.

Ruedas de molino como la de intentar convencernos que la mercancía es un hecho natural. ¿Cómo va a ser natural considerar a los seres vivos, a los productos que crean y a las necesidades que poseen, como un objeto “endemoniado y fantasmagórico” (en palabras de Marx) que se compra y se vende, ignorando que liberar la conciencia de todo fantasma es el más bello logro de la especie humana?

¿O cómo va a ser natural la división del trabajo que impone a los seres humanos actuar de forma contraria a su naturaleza, en un círculo del que no puede salir? ¿No es más acorde con la libertad humana (también en palabras de Marx) “poder por la mañana cazar, por la tarde pescar y por la noche apacentar el ganado, y después de comer, si me place, dedicarme a criticar, sin necesidad de ser exclusivamente cazador, pescador, pastor o crítico, según los casos”?

Muy lejos quedan todas las refutaciones de los adeptos a cualquier disciplina incorpórea, inmaterial. Porque todo es materia, desde la luz hasta los procesos mentales. De poco sirven los gritos y las tergiversaciones hechas por las diversas iglesias, desde el neoliberalismo hasta cualquiera de las religiones. La física cuántica confirma lo que Marx y Engels intuyeron hace más de siglo y medio. De ahí la importancia del método dialéctico para comprender y explicar la realidad social que nos rodea, las contradicciones, la lucha de contrarios (lucha de clases), las tensiones entre los grupos contrapuestos.

Si Lao Tse, Leonardo da Vinci, Marx, Engels y las libélulas, y tantos seres del mundo vegetal y animal, nos están hablando de la vida, ¿entregaremos nuestros oídos a la cochambre de cualquier teoría negacionista de la propia vida? No soy optimista, pero sí creo en la vida, y por ello guardo la esperanza de que la sociedad actual se renueve, cuando imitemos la visión de la libélula, y los palos puestos en las ruedas que impiden el normal desarrollo social se nos hagan visibles para romperlos, como hizo la libélula con su exoesqueleto el día que me deslumbró su luz azul brillante.

Eirene