lunes, 12 de enero de 2026

EL QUIJOTE DE LAS MANCHAS

Las jóvenes generaciones no leen El Quijote. En realidad, leen pocas cosas, pero mucho menos una novela del siglo XVII que no puede enseñarles nada. Ni siquiera cómo formatear su móvil. Por supuesto que hay excepciones, pero la mayoría no soportan el abuso de que se les imponga El Quijote como lectura de bachillerato. No sólo es enojoso leer el castellano de la época de Cervantes, sino que verdaderamente ¿cómo vas a comparar al enjuto hidalgo manchego con Spiderman, Superman, el Capitán América, Batman, Los cuatro fantásticos y otros superhéroes llenos de superpoderes y probablemente incluso más reales? A esta mayoría de personas, el sentido del humor cervantino les resbala, o sencillamente no lo entienden ni tienen la menor gana de entenderlo. Y tampoco se les ocurre la idea de que, tal vez, el 90% de la ciencia ficción hoy tan en boga dentro de dos siglos parecerá tan disparatada como lo eran ya en época de Cervantes los libros de caballerías. Pero justamente por eso ya no tiene ningún sentido disfrutar con una parodia de los libros de caballerías, porque la misma burla se ha hecho vieja, razonan ellos.

Luego están los puritanos del wokismo, que no soportan los obvios devaneos machistas y racistas de los personajes de la época, de la misma manera que los woke ingleses persiguen con mucha mayor saña e intensidad a William Shakespeare, acusándole de antisemitismo –¡Qué horror! ¡Antisemitismo!– entre otras muchas cosas. “El mercader de Venecia”, esa obra en la que un mercader judío exige libras de carne humana en pago de una deuda, les parece una calumnia inaceptable dirigida a una comunidad étnica que, como todos sabemos, nunca ha roto un plato. De ahí que algunos en el Reino Unido quieran expulsar los textos shakesperianos del curriculum universitario, algo que probablemente acabarán logrando más tarde o más temprano.

Como España no es todavía lo bastante woke como para que esto suceda, nadie se ha atrevido todavía a sugerir la quema de los libros de Cervantes como sí hizo el famoso cura con los libros de caballerías del pobre Alonso Quijano. Pero eso sí, incluso el Instituto Cervantes anda ya buscando las maneras de reconciliar el Quijote con el feminismo e incluso con la ecología, que sin duda era un tema candente a principios del siglo XVII, cuando la Naturaleza todavía estaba casi intacta. Como una prueba del feminismo de Cervantes se muestra el personaje de Marcela, en la primera parte del Quijote, una mujer que prefiere vivir sola en los montes guiando un rebaño de ovejas a la convivencia con un hombre. De hecho, en la obra cervantina puede encontrarse este ejemplo de feminismo “avant la lettre” como puede encontrarse todo lo contrario, por ejemplo en la novela ejemplar “La fuerza de la sangre”, en la que el final feliz diseñado por Cervantes consiste en una mujer que acaba casándose con el caballero que la ha secuestrado y violado, una solución que posiblemente ni siquiera el más radical de los voxeros de nuestro tiempo se atrevería a defender en público. También se insiste en la supuesta homosexualidad de Cervantes como una manera más de mejorar su pedigrí woke, tal y como se ha hecho en la reciente película “El cautivo”, dirigida por Alejandro Amenábar.

Pero justamente aquí radican las dificultades del presentismo literario; el pretender hacer un juicio moral o intelectual de las obras literarias escritas en tiempos pasados desde la perspectiva de la lógica y ética actuales. ¿Para qué van a interesarnos las epopeyas homéricas si sabemos que todos los dioses de la Grecia clásica eran falsos y los conocimientos y las creencias de los hombres de aquella época eran tan primitivos comparados con los nuestros? ¿Qué sentido tiene leer “La divina comedia” de Dante, cuando ya nadie cree en el infierno, el purgatorio o el cielo? Esta especie de chauvinismo generacional, que sólo valora los productos culturales producidos en el presente y sólo tolera las obras literarias del pasado en la medida en que comulgan con las ideas actuales, impide no sólo examinar desde un punto de vista más crítico la literatura actual, que quizá no sea tan excelente, sino que impide también darse cuenta de las tremendas similitudes entre las épocas pasadas y las actuales a pesar de las apariencias. Por ejemplo, en las novelas de Torquemada de Benito Pérez Galdós encontramos un precedente perfecto del cenagal de corrupción del Madrid de Isabel Díaz Ayuso. Como dice el proverbio francés, “plus ça change, plus c´est la même chose”.

Pero volviendo a nuestro Quijote, las interpretaciones sobre la obra cervantina han ido variando de manera considerable de generación en generación. La que durante dos siglos fue considerada simplemente como una novela satírica y divertida, empezó a ser vista, especialmente por los románticos alemanes, como una especie de reivindicación del idealismo y la utopía. Lejos de ser un personaje digno de chanza, el Quijote debía considerarse como una especie de trágico héroe incomprendido que se rebelaba contra las injusticias e incluso contra los horrores de la modernidad, esa modernidad que había diseñado unas armas de fuego que hacían vulnerable e impotente a cualquier caballero andante, víctima propiciatoria del primer malandrín armado con una pistola.

Tampoco faltan los que ven en el Quijote una metáfora de la decadencia del poder español. El mismo Quijote, una especie de hidalgo parasitario inconsciente de su propia condición social, encarnaría unos valores ya desfasados en la época del Renacimiento europeo y el antiguo soldado Cervantes tendría la suficiente lucidez para denunciar esta situación, aunque fuera de manera metafórica. El libro que hizo reír a muchos españoles de su época sería en realidad una especie de denuncia social bajo la relativamente inocente apariencia de ser una crítica feroz de los libros de caballerías.

Aparte de todas estas interpretaciones, el Quijote también ha tenido sus detractores, como por ejemplo Vladimir Nabokov, quien afirmaba que la novela estaba “ensuciada” por una crueldad física y mental sistemática, tanto hacia el caballero como hacia su escudero, comparándola con una farsa medieval brutal. Además, Nabokov señalaba algunas deficiencias estructurales e incoherencias narrativas bastante obvias, algunas de las cuales ya habían sido señaladas anteriormente por numerosos críticos. Añadía el novelista y erudito de origen ruso pero nacionalizado estadounidense que la historia se desarrollaba bajo un fondo de ficción deficiente. En un momento dado de su curso sobre el Quijote, Nabokov llega a echarle en cara a Cervantes un deficiente conocimiento de la geografía española, un reproche cuando menos sorprendente considerando que Cervantes recorrió infinidad de veces casi toda España dada su profesión de recaudador de impuestos. Borges, por el contrario, se deshizo en elogios sobre la obra cervantina, considerándola una obra de caballerías “rarísima” y de gran complejidad y profundidad.

Sin embargo, personajes mucho más estrafalarios que Nabokov o Borges no se han abstenido en absoluto de dar también su opinión sobre el Quijote. Por citar un ejemplo, existe en Barcelona un tal Ignatius Veletris quien sostiene contra viento y marea que el principal error de la inmensa mayoría de los críticos del Quijote consiste en no tomarse en serio lo que dice el propio Cervantes. Dicho de otra forma: cuando Cervantes dice que su principal propósito es burlarse de los libros de caballerías y contribuir a su desaparición, lo dice de veras. Añade además el bastante desquiciado Veletris que los libros de caballerías estaban en el punto de mira no sólo de Cervantes, sino de un sector importante y muy influyente de lo que podríamos llamar la “intelligentsia” española de la época, que consideraba que las hazañas reales de la conquista de América o del mismo Cid Campeador eran mucho más dignas de leerse que las fábulas disparatadas contenidas en los libros de caballerías medievales. Insiste además el tal Veletris en la importancia, a su juicio esencial, del capítulo XLVIII de la primera parte de la obra, en el que el personaje de un canónigo metido con calzador en los últimos tramos de una novela que en principio no estaba destinada a tener una segunda parte, lanza toda una disquisición sobre teoría literaria y teatral, en la que arremete ya no sólo contra los libros de caballerías, sino también y de manera principal contra las obras de teatro que se apartan de las normas de las obras clásicas con su conocida unidad de tiempo acción y lugar, heredada de la dramaturgia griega. En ese capítulo, según el infortunado y repudiado Veletris, el dramaturgo fracasado Cervantes le dirige unos dardos muy discretamente lanzados bajo la apariencia de alabanza al muy exitoso Lope de Vega, rey absoluto del teatro español de su tiempo, y cuyas obras eran representadas por doquier mientras que Cervantes ni siquiera conseguía estrenar la mayoría de las suyas. En definitiva, los objetivos principales del autor del Quijote, al menos en la primera parte de la obra, no habrían sido otros que, en efecto, hacer una sátira muy divertida y destructiva de los libros de caballerías y ajustar cuentas con su eterno rival Lope de Vega. Los desvaríos del tal Veletris son todavía bastante más extensos, pero por fortuna en la actualidad sólo tienen que escucharlos, muy a su pesar, los enfermeros de la clínica para pacientes mentales en la que actualmente se encuentra recluido. Si bien es cierto que cualquier interpretación errónea del Quijote es una mancha que de alguna manera contamina la obra cervantina, la del tal Veletris además apesta y necesita ser borrada con mucha lejía.

Veletri

domingo, 14 de diciembre de 2025

CINE DE ARTE Y DESMAYO

Se me ha ocurrido una maldad, después de tragarme la Crueldad sin guión de SIRAT y el pastiche elefantiásico del Brutalista. Claro que es la opinión de un mero aficionado al cine.
Mi criterio es como con el vino: me da lo mismo la palabrería del "paso en boca", los aromas de vainilla y el retrogusto exactamente donde amargan los pepinos. Me gusta o no, y luego puedo justificarlo si es porque noto madera, el alcohol no da tufo y la dichosa lágrima… que se cae al pagar el caprichito.
Una peli es una obra completa que me aporta o no durante su proyección y escucha. Después puedo analizarlo con la coherencia del guión o algún giro interesante, con la verdad que trasmiten los personajes en su concepción y en su actuación concreta, etc.

Voy con mi VENGANZA que ni siquiera es nueva, porque Grisson ya sugiere que lo hace en episodio de C.S.I. Las Vegas y hay un libro del 86 "Celia se pudre" de Héctor Rojas Herazo, colombiano. Comparto en primicia mundial mi SUBLIME GUIÓN:

Guión para película WAHSHIYYAH (Crueldad, en palestino)

0. Ni títulos de crédito ni pollas en vinagre: Un cógico QR para quien tenga curiosidad.

1. Un dron sobrevuela una aldea de Cisjordania, primero se ven los olivares centenarios, para hacer bajar la guardia al espectador, pero en seguida se enfocan las precarias casas ya derruidas y a los animales asesinados por los colonos sionistas (COMPROMISO POLÍTICO) Se pasa de una música rock que haría pensar que es un dron yanqui manejado por un hábil chaval desde Tel Aviv, a una tristísima música árabe que nos da a entender que algún/a adolescente palestina está tan desesperad@ que ya no le importa su ejecución cuando le detecten los sistemas de inteligencia israelíes. (ESTO SE ENTENDERÍA EN UNOS POCOS MINUTOS, PERO COMO SOY EL DIRECTOR ME VOY A PASAR TRES PUEBLOS HASTA QUE MIS VÍCTIMAS SE REMUEVAN EN SUS ASIENTOS, QUE SOY UN PROVOCADOR, LEÑE).

2. Como era de temer, las imágenes descontroladas que toma el dron reflejan que quien lo dirigía ya no está vivo (muerto o herido y detenido en la cárcel sionista es equivalente). El dron acaba en tierra, pero escorado, de forma que el enfoque sea original y eso obligue permanentemente a doblar el cuello para percibir el horizonte. Va a caer donde resulta más asqueroso: enfocando a un famélico caballo de labranza destripado y con media cabeza reventada. Todo mamífero nos evoca cierta afinidad, pero es que los equinos en el mundo mediterráneo fueron quienes nos permitieron obtener frutos del campo y luego poder trocarlos a cierta distancia. Incluso un niño que nada sepa de eso ha visto hermosos caballos de exhibición y se ha sorprendido de su porte, de su pelaje y de la profundidad de su mirada. Así que: golpe en toda la boca del estómago, acompañado con un silencio sepulcral, nunca mejor dicho.

3. Ahora empieza lo güeno, güeno. Dejo al dron grabando ese plano unas cuantas horas. Antes el celuloide era caro, tanto para grabar como para distribuir. Ahora todo es digital y podría enviar copias simultáneas a las 200.000 salas de cine que quedan en el mundo… además de a mis incondicionales suscriptores de pago que la han recibido unas horas antes como primicia. El pobre espectador tiene la vana esperanza en que en algún momento se active la cámara rápida y que la putrefacción de la yegua (resulta más cruel que sea hembra porque era doble riqueza para la familia) empiece a percibirse, o que se convierta en momia antes de ser el propio espectador quien quede taxidermizado. Vana esperanza de nuevo…

4. Pongamos que han pasado 10 minutos de silencio acongojante (ya lo era desde los primeros 10 segundos…) y surge el primer cambio. No en la imagen: es el rumor de las moscas que acuden a las partes blandas del cadáver: sabemos por experiencia que la sangre las atrae hacia cualquier herida sin cubrir. Empieza un creciente fragor que no viene de la pantalla, sino de arriba de la cabeza de los espectadores. No son moscas reales, tan desobedientes, sino drones con forma de mosca cojonera que emiten ese ruido a suficiente distancia para no llevarse un manotazo. Pero el asco es atroz: asociamos ese zumbido con unas moscas que se ven poniendo sus huevos en los bordes de cuero del animal ¿agonizante? Venga, otro toque "sutil": es un bicho viejo comprado a un matarife, se le ha matado con sedación mucho más digna que la habitual… pero la "magia" de los efectos especiales puede hacer que pensemos que le queda un aliento de vida. Ya sea con un globo que infle sutilmente sus pulmones o con el tratamiento informático tan aséptico pero tan creíble.

5. La técnica adelanta que es una barbaridad, y aunque sólo han pasado horas de la muerte del animal, podemos permitirnos la licencia poética (necrofílica) de soltar un sutil toque de aroma a putrefacción. Nada que provoque arcadas, sólo esa sensación de sentirse dentro de esa escena de horror donde un animal ha sido asesinado sólo para que sus dueños se MUERAN DE HAMBRE.

Fotograma de la película "Hacia rutas salvajes" (Into the Wild - 2007)

6. ¿Ponemos algo de acción?: Logramos con un cebo previo que un can sarnoso acuda cuando le soltemos desde fuera de plano. Ahí ya hay "nuevo tema", con toda la improvisación del hambre del perro, si se queda o se lleva el cacho que logra desgarrar. Sería el momento perfecto para poner en off la voz de algún ministro de ultraderecha, pero eso supone acabar como el periodista Jamal Khashoggi en el consulado saudí. Mejor no.

7. ¿Han pasado 2 o 3 horas? Lo cierto es que cualquiera tiene ganas de mear, o de vomitar, o de llamar de todo al director, al amigo gafapasta que se la recomendó y al crítico de cine que puso los ojos en blanco ante tanta originalidad y transgresión. Para evitar un absoluto fracaso en taquilla, nada mejor que un HAPPY END: se escucha un hermoso poema palestino, sobre su amor a su tierra milenaria, se sobreimponen las bellas letras árabes sobre la zona blanca del cadáver y se subtitula, para que nadie crea que es un anuncio de matamoscas ni de desinfectante.

PERO LO MEJOR ES MI CONFERENCIA, CON MI PRESENCIA Y MI ADMIRABLE SAPIENCIA:
Vamos a ver, pobres mortales que creéis en los genios del Séptimo Arte del siglo XX, YO SOY EL QUE SOY, Iluminado mucho más que un Sufí y más sabio que Fassbinder, dónde va a parar. Os cuento, tomad nota:

1- Hablo de la Muerte, de la de cada uno de ustedes: de su deseo de estar muertos antes de seguir soportando esta paja mental.

2- Hablo del inexorable paso del Tiempo: de estar pensando ¿cómo pudo sucederme a mí? meterme en un cine en lugar de darme un voltio con los colegas que sólo ven La isla de las tentaciones. Pensar qué de cosas podría haber hecho en estas tres horas de estupor y hastío. Hasta hubiera abierto un libro, con tal de librarme de este truño.

3- Hablo de la Dignidad de los animales, de la yegua, del perro y de las moscas, en el Ciclo de la Vida (hakuna matata o Bruce Lee, a elegir). Las interacciones, toca a cada uno y su magín.

4- Hablo del campo, de los olivos, de la tierra, de las casas, de los tejados, de la puerta, de las paredes, del sucio suelo donde chorrean las tripas del animal… ¿No han apreciado el paquete vacío de tabaco que hemos puesto en plano? Tambien es intencional la lata aplastada de Coca-Cola: evoca la complicidad de colonos y yanquis, qué sutil… Todo es metáfora, todo es evocación, todo sugiere lo que no está y hasta lo que no existe, también.

5- Hablo de la guerra tecnológica con drones y de la violencia ancestral con machetes, hablo de la desigualdad de medios, hablo de una guerra que ya no es televisiva porque cansa y es sucia. Hablo que los seres vivos sufren casi tanto como nosotros, y ya que estamos acorchados ante el horror audiovisuales, os he traído esa presencia de las repugnantes moscas y del hedor de la muerte, sólo dentro de lo que un ser humano puede resistir sin vomitar.

Hasta aquí mis Enseñanzas de HOY. Tengo que reservar sorpresas para cuando me vayan nombrando Doctor Honoris Causa en cada Facultad internacional. Hay muy distintos mensajes que iré pariendo con mi equipo de marketing: sobre Cambio Climático, sobre la economía Capitalista, sobre la Infinitud de las lombrices y sobre la volubilidad del mercado de cryptos. Porque TODO, TODO, TODO está en mi película: lo aprendí de Dalí y le fue cojonudamente.
Así que, señores, puerta que tengo que besarme con ese espejo que hace horas me contempla con arrobamiento… no me extraña, claro.

Sentido común

domingo, 16 de noviembre de 2025

Ciencia y poesía

La primera vez que escuché el cuento del astrónomo ciego, rescatado por Khalil Yibrán de la historia de la poesía árabe del siglo VIII, me asaltó una de las grandes dudas que ocupó mi memoria durante muchos años. ¡Un astrónomo ciego que, poniendo la mano en el pecho, y con la seguridad objetivable de un científico, dice observar y estudiar desde su pecho el firmamento!
En el inicial impacto apelé a la metáfora, esas estrellas que siente en el corazón serían de naturaleza poética, distintas a las materiales que vemos en el cielo. Pero inmediatamente se fue abriendo una brecha en mi pensamiento, ¿no será que estamos hechos de la misma materia que las estrellas y no nos son desconocidas porque nuestros paisajes interiores reflejan fielmente el mundo exterior?

Como inexperta científica, no tengo respuestas acertadas, solo quiero compartir algunas reflexiones sobre lo que somos y sentimos, ese cuerpo que a veces nos pesa y esa mente que nos pesa aún más.
Comienzo con un paseo por el cerebro, para describir los paisajes que todos poseemos, solo algo diferentes en cuanto a los cuidados que le dedicamos. Lo sencillo y lo complicado de dar un paseo por el cerebro es que no hay un principio ni un final, todo está conectado, podemos pasar de unas estancias a otras sin dejar las anteriores (una maravilla para cualquier creador de historias del metaverso).

Cerebelo. Dendritas en células de Purkinge. Reproducción al óleo de J. Rodrigo García

Leyendo aprendí que el cerebro no es una masa sólida continua, como se creía hace tiempo. El gran maestro, Santiago Ramón y Cajal, con sus pocos instrumentos medibles, ya intuyó que nuestro cerebro es un bosque de árboles separados, que forman las redes neuronales (alrededor de cien mil millones de neuronas) con sus ramas y raíces que no paran de comunicarse entre sí unas con otras. Las ramas (llamadas dendritas, en griego “δενδρον” que significa árbol) son las que escuchan y las raíces (los axones, del griego ἄξων, que significa "eje”) son las que hablan. Estos arbolitos que dialogan continuamente se sincronizan para propagar la información por el cerebro y por el cuerpo, pero sin perder la individualidad. A veces algunos pierden ramas, se autopodan para dar paso al crecimiento de otras ramas que emitirán la luz de la que se alimenta el cerebro.

De este modo, cuando aprendemos, hablamos, escuchamos música, sentimos o pensamos, crecen las ramas de las neuronas, se abren caminos en el bosque y las aguas que los pensamientos forman, fluyen creando cauces cada vez más anchos y profundos. Esto se debe a la plasticidad del cerebro, capaz de diseñar paisajes y también firmamentos como el que observa el astrónomo ciego. Nada es metáfora, esos paisajes en miniatura son reales, tocables y hoy visibles con la resonancia magnética.

Pero las preguntas continúan, ¿por qué el ciego señaló con la mano en el pecho para decir que veía las estrellas y las constelaciones, y no señaló el cerebro? El astrónomo seguía guardando más sabiduría que todos los tratados de ciencia, pero había que descubrirla materialmente, desposeyéndola de cualquier atisbo de melancólica sensibilidad.
Si acudimos al lugar del pecho donde muestra su mano, escucharemos el latido del corazón, el que pone el ritmo a la vida. Las nuevas investigaciones nos dicen que vemos un objeto si nuestro cerebro responde a los latidos del corazón. Una ayuda para comprender al astrónomo: su corazón late ante la inmensidad del firmamento y su cerebro responde a esos latidos con la consciencia de formar parte del universo.

El hipocampo. Reproducción en óleo de José Rodrigo García

Una mañana, dejándome llevar por estos pensamientos y por la música del cuarteto “Alondra” de Haydn, mientras observaba por la ventana un cielo grisáceo de los que tenemos bastantes en el Norte, sentía las notas aladas penetrando desde los violines hasta mis venas, iban recreando en mi viejo corazón estelas dejadas por el vuelo de tantas vivencias, alegres y tristes, imaginadas y reales. Sentí materialmente bandadas de aves que danzaban dentro de mí y supe por qué decimos las expresiones: “tengo mariposas en el estómago” o “pájaros en la cabeza”. Son pura ciencia, la más pura de las ciencias. Porque realmente nuestro cuerpo está poblado de elementos que repiten los del exterior, de caminos, ríos, fuentes que emanan sustancias necesarias para la vida, neuronas multiformes que extienden sus raíces para formar el sistema nervioso que nos mantiene vivos.

Seguí en la ventana pensando en lo poco que conocemos lo único que tenemos, nuestro cuerpo, así fui a dar a los rincones de la memoria con ese caballito de mar que navega en el lóbulo temporal, entonces recordé a mi profesora de Ciencias, aquella asignatura tan interesante pero que su método castigador nos hizo tan odiosa, había que aprenderse los nombres y formas de las dendritas en latín, un fallo era un “cero” como una casa. Ahora, sin embargo, necesitaría encontrar aquellos conocimientos guardados en ese caballito de mar. “A ver, dibujad las fusiformes”. Para recordar decíamos en bisbiseo: ”Las del huso de la rueca de mi güela”. “Y ahora dibujadme las unipolares y multipolares” (era fácil, las primeras no tienen ramas en la cabeza, se parecen a la uniprofe, las segundas están llenas de dendritas en la mollera, somos nosotras que nos vamos por las ramas). De este modo aprendimos las formas de las neuronas. Luego estaban las esféricas en los ganglios simpáticos y parasimpáticos (eran para nosotras las neuronas de la risa), también las piramidales, las arácnidas y por fin las “estrelladas”.
Al llegar aquí recordé una información de hace pocos años, investigadores de la Universidad de Notre Dame descubrieron un nuevo tipo de neuronas estrelladas en el corazón, que pueden ayudar a regular la frecuencia cardíaca.
En un milisegundo comprendí por qué el astrónomo ciego podía ver y estudiar realmente las estrellas desde el pecho y sin verlas con los ojos. Porque él conocía la forma estrellada de estas neuronas que tanto tiempo han tardado en encontrar los científicos.

Corte transversal célula eucariota. Imagen de Gael McGill

Este pequeño y limitado paseo por el cerebro para entender el cuento del astrónomo es una invitación al conocimiento de lo que somos: pequeños seres integrados en las grandes redes neuronales del universo.
Dicen unos versos árabes del siglo XII: “A los ojos parecen pequeñas las estrellas y no son ellas quienes engañan, sino nuestra mirada”.

Y ahora viene la mayor: La señora IA.
Miles de personajes destacados, intelectuales, informáticos y personas relacionadas con la inteligencia artificial (también Elon Musk) elaboraron y firmaron hace un año, una carta abierta, desde el Future of Life Institute, con el objetivo de que los laboratorios de IA regulen la carrera descontrolada y el poder de los nuevos sistemas. Extraigo algunos párrafos de la carta, que resultan cuando menos, sorprendentes: “La IA avanzada podría representar un cambio profundo en la historia de la vida en la Tierra, y debería planificarse y gestionarse con el cuidado y los recursos adecuados”.
“¿Debemos dejar que las máquinas inunden nuestros canales de información con propaganda y falsedades? ¿Debemos automatizar todos los trabajos, incluidos los más gratificantes? ¿Debemos desarrollar mentes no humanas que, con el tiempo, nos superen en número, inteligencia, obsolescencia y reemplazo? ¿Debemos arriesgarnos a perder el control de nuestra civilización?”

Más adelante, piden a los laboratorios de IA que pausen inmediatamente durante al menos seis meses el entrenamiento de sistemas de IA más potentes que la GPT-4. Y que esta pausa debe ser “pública y verificable e incluir a todos los actores clave”, recordando que los gobiernos deberían intervenir e instituir una moratoria.

El motivo de la carta, pareciendo ser razonablemente cauto, es sin embargo una tapadera hipócrita, el negocio de la IA mueve muchísimo dinero, es el principal motor del mundo hoy, de este mundo que está creando, además de una nueva y más profunda brecha que la lucha de clases, un sistema de control que se escapa a la atención humana. Porque, a pesar de que se empeñan en decirnos que la IA es solo una herramienta (lo es en parte, no se pueden negar los avances en medicina), es también y sobre todo una forma sofisticada de control global del pensamiento, que nos hace dependientes y sumisos, alejados de la realidad palpable, con un futuro incierto, nada esperanzador. Y a bastantes años luz de la sabiduría humana a la que llamamos poesía y es ciencia, pura ciencia.

Acabo con una cita de Günther Anders a la que llevo dando vueltas unos días: “A los seres humanos les da vergüenza haber nacido en vez de haber sido fabricados”.

¿Con qué resina se pueden pegar las dos partes del texto?
Será con la que entre todos encontremos.

Eirene

lunes, 20 de octubre de 2025

RUINES SIN FRONTERAS: RUINAS DE LOS PUEBLOS

Al cabo de los años, tras las salvajes dictaduras latinoamericanas, supimos fehacientemente que cada uno de esos Tiranos (y también sus eficaces lugartenientes que aportaron sus despiadados cerebros) habían pasado por la Escuela de las Américas.

Instituto del Hemisferio Occidental para la Cooperación en Seguridad

No entiendo que, cuando se desclasifican los papeles de la CIA, la gente no queme las calles. Al menos, que desprecie rotundamente a quienes espiaron, sobornaron, amenazaron, torturaron, mintieron, encarcelaron y asesinaron a tantas personas que solo luchaban por los Derechos Humanos. Esos bichos no lo hicieron por Ideales distintos, sino por pasta, putas y drogas como cualquier mercenario, aunque esta vez de "alto nivel" porque incluye la sensación de Poder contra millones de seres humanos.

En 1971, un hombre filtró a varios periódicos, como The New York Times y The Washington Post, miles de páginas de documentos secretos del gobierno de Estados Unidos. Los documentos se conocieron como los Papeles del Pentágono, un estudio sobre la participación política y militar de EE.UU. en Vietnam, entre 1945 y 1967, realizado por el Departamento de Defensa de Estados Unidos. Las más de siete mil páginas del estudio secreto revelaban que el gobierno sabía, desde el principio, que era poco probable que se pudiera ganar la guerra en Vietnam y que continuarla solo conduciría a más bajas. También señalaban que el gobierno anterior de Lyndon Johnson había mentido al Congreso y al pueblo estadounidense sobre el estado de la participación de su país en Vietnam. Cuando The New York Times publicó el primero de sus reportajes al respecto, la administración del entonces presidente Richard Nixon solicitó una orden judicial para impedir que se divulgaran más documentos y lanzó una cacería de la persona responsable de la filtración. Pero la Corte Suprema de Justicia dictaminó que la publicación estaba justificada y los reportajes se reanudaron. Dos días antes de ese fallo, la persona responsable de la filtración, Daniel Ellsberg, reconoció públicamente su papel.

Este junio, el presidente de la India se puso "equidistante" entre Israel agresor e Irán agredido. Pero es que el presidente de Egipto se ocupó en reventar la Marcha de apoyo a Palestina: deportó a cada uno de los implicados en ella. Así que asoman en Asia y África gerifaltes serviles a USA y al sionismo, a imagen y semejanza de tantos Uropedos y de algunos Latinoamericanos. La complicidad del PP es vomitiva.

Sabemos que en las Universidades de Élite siempre se han formado los dirigentes de la mayoría de los países del mundo. Creo recordar (seguro que algunos estáis mucho mejor documentados) que incluso Amín Dadá de Uganda estudió en Europa como Arafat de Palestina, Gadafi de Libia y tantos otros.

Pero en este siglo XXI se ha seleccionado un perfil muy distinto al del siglo pasado. El término que se me ocurre es Marionetas sin Vergüenza. Los Payasos sin Fronteras, desinteresadamente, dedican su tiempo libre a alegrar a los niños pobres o enfermos del mundo. En cambio, estas MARIONETAS SIN FRONTERAS dedican sus 24 horas a medrar a costa de los derechos humanos de sus compatriotas: saben que su lucro depende de complacer todos los intereses del Poder.

Hay una jerarquía entre tanto voluntario para besar culos con la esperanza de ascender en la escala de la mezquindad. Planteo tres ejemplos hispanos de entre cientos que sabemos todos:
- Koldo, el matón de prostíbulo, que sabía desde que lo parieron que los héroes mueren y un traidor sobrevive siempre, Por eso grabó a "sus amigos" (yo tengo muy claro cómo le trataría…).
- IDA, la mediocre estudiante de periodismo, que chupaba a Aguirre y a Casado, y parecía la única virgen de corrupción, cuando ha demostrado que es un catalizador de chorizos y dislates grotescos.
- Recordemos a la "santa" Sofía, que se fue harta de cuernos humillantes y su madre griega la mandó de vuelta porque "más vale caviar sin honra que honra y tener que currar como la plebe".

Pero España poco pinta en Europa. Los Presidentes de Gobierno de casi todos los países han sido reclutados en Universidades de élite por los Grandes Fondos de Especulación y allí han pasado una segunda fase de entrenamiento para asegurarse de la absoluta fidelidad al Neoliberalismo más despiadado y despectivo hacia los pueblos, "esa chusma que se conforma con fútbol, pornografía y cañas". Las biografías de Napoleoncito Macrón (empleado del banco Rothschild), del Sionista Ario Merz (industria química y lobbista), del Secretario de la OTAN Rutte (Unilever y Calvé, multinacionales) y la Gran Madame: Ursula von der Leyen (nieta de nazi, servidora fiel de Merkel y ahora con su sierva fidelísima Kallas antirusa compulsiva). Francia y Alemania unidas bajo la bendición de la OTAN y con la complicidad de la Borderline. ¿Miramos a Starmer, el anglosajón traidor al Laborismo?: empezó en Derechos humanos pero ascendió a Director del ministerio Público, por lo que fue el primer laborista nombrado Sir… ¿apestoso, preocupante…?: profético, porque ese antiguo abogado de DDHH ha decidido recortar dinero de los desfavorecidos. Son 7.000 millones de euros para aviones, submarinos y armas nucleares en vez de atender a millones de personas: DISFRUTEN LO VOTADO.

Con tanto Personaje alto y aparente, culto y elegante, me viene a la cabeza la canción de Serrat: "Algo personal", de 1983. No aprendemos, probablemente porque el Poder se empeña en que olvidemos la Historia y así repetirla, de manera cada vez más sórdida, grotesca y peligrosa para nuestra superviviencia como pueblos y como Humanidad en su conjunto:

Probablemente en su pueblo se les recordará
como a cachorros de buenas personas
que hurtaban flores para regalar a su mamá
y daban de comer a las palomas.

Probablemente que todo eso debe ser verdad
aunque es más turbio cómo y de qué manera
llegaron esos individuos a ser lo que son
ni a quién sirven cuando alzan las banderas.

Hombres de paja que usan la colonia y el honor
para ocultar oscuras intenciones.
Tienen doble vida, son sicarios del mal.
Entre esos tipos y yo hay algo personal.

Rodeados de protocolo, comitiva y seguridad
viajan de incógnito en autos blindados
a sembrar calumnias y a mentir con naturalidad,
a colgar en las escuelas su retrato.

Se gastan más de lo que tienen en coleccionar
espías, listas negras y arsenales.
Resulta bochornoso verles fanfarronear
a ver quién es el que la tiene más grande.

Se arman hasta los dientes en el nombre de la paz,
juegan con cosas que no tienen repuesto.
La culpa es del otro si algo les sale mal.
Entre esos tipos y yo hay algo personal.

Y como quien en la cosa, nada tiene que perder,
pulsan la alarma y rompen las promesas.
Y en nombre de quien no tienen el gusto de conocer
nos ponen la pistola en la cabeza.

Se agarran de los pelos, pero para no ensuciar
van a cagar a casa de otra gente.
Y experimentan nuevos métodos de masacrar
sofisticados y a la vez convincentes.

No conocen ni a su padre cuando pierden el control
ni recuerdan que en el mundo hay niños.
Nos niegan a todos el pan y la sal.
Entre esos tipos y yo hay algo personal.

Vean con qué destreza esos tahúres de postín
reparten juego con cartas marcadas:
"Nada por allá, nada por aquí",
Visto y no visto y nos la meten doblada.

Tienen más de un problema para cada solución.
Sin que te enteres te roban los calzones
y luego te dicen que toca apretarse el cinturón
cuando en la bolsa caen sus acciones.

Hijos del demonio, no tienen otro dios
que la codicia, ni más ley que el mercado,
ni otra enseña que la de curso legal.
Entre esos tipos y yo hay algo personal.

Algo está cambiando: las calles se llenan contra las guerras y el Genocidio y casi todos los Estados reconocen a Palestina, por pura dignidad. Son gestos en DEFENSA PROPIA: no queremos arruinarnos comprando armas ni que nuestros hijos vayan con la OTAN a una picadora de carne. Necesitamos otros gobernantes que apuesten por los Derechos de la Ciudadanía y no sean vasallos del Capital.

Sentido común

viernes, 19 de septiembre de 2025

SUMISIÓN

En la novela “Sumisión” de Michel Houellebecq se describe una Francia dominada por el Islam tras las elecciones presidenciales del 2022, en las que un creciente partido islamista moderado, apoyado por el centro derecha y la izquierda franceses, derrota en la segunda vuelta a la candidata del Frente Nacional. Poco a poco, toda Francia se va islamizando e incluso la Sorbona se convierte en una universidad islámica en la que los profesores practican la poligamia y gozan de excelentes salarios. A todo esto, los judíos han emigrado todos a Israel y las mujeres ya no llevan minifaldas por las calles sino conjuntos de blusas largas y pantalones. La novela, como casi todas las de Houellebecq, desató una intensa polémica en Francia, ya que además se produjo la desgraciada circunstancia de que su publicación coincidió con el sangriento atentado contra Charlie Hebdo.

Así pues, nos encontramos con una Europa con un complejo de asediada por todas partes. En el interior, es el Islam el que va ganando posiciones día a día, mientras que desde el exterior es Rusia la que supuestamente amenaza esas democracias europeas a las que, según cierta propaganda occidental, está a punto de invadir. ¿Podrá nuestro orgulloso y muy civilizado continente resistir a todas estas amenazas?

El primer empujoncito para conseguir esta liberación vino de la mano de la administración Biden y su voladura de los oleoductos Nordstream, la cual liberó a Europa del “chantaje” que suponía poder comprarle energía relativamente barata a Rusia. Ahora, en pleno ejercicio de su libertad, los países de la UE gastan gozosamente un 40% más –como mínimo– en energía que cuando estaban a merced de Rusia, pero eso sí, están muy contentos de hacerle el gran favor al amigo americano de que las empresas europeas, especialmente las alemanas, o bien tengan que cerrar sus puertas, o emigren a otros países, especialmente Estados Unidos, en busca de precios energéticos más asequibles. Todo sea por la libertad. Y por lo demás, se culpa de la voladura de los oleoductos a Rusia, y a otra cosa, mariposa.

No contento con los resultados obtenidos por la administración Biden, el emperador pederasta Trump ha decidido que los productos europeos exportados a los Estados Unidos debían además ser gravados con un 15% de aranceles a fin de que no pudieran competir con los productos made in USA. La gran luminaria Ursula von der Pfizer, actual presidenta de la Comisión Europea, más sus adláteres, decidieron en el acto que aquel era un acuerdo excelente, aunque se les impusiera también a los europeos unos gastos de 750.000 millones de dólares en compra de productos energéticos a Estados Unidos en los próximos tres años, 600.000 millones más invirtiendo en empresas norteamericanas escogidas por el propio gobierno de Trump, y unos 500.000 millones más en armamento USA. Aunque probablemente habría sido bastante mejor para Europa sufrir una invasión alienígena como la descrita en la película “Mars Attacks” de Tim Burton, los inefables eurócratas se declararon muy satisfechos con el resultado de las negociaciones.

Siendo esto así, quizá habría que repensar el mismo concepto de sumisión. ¿Las prácticas sadomasoquistas no deben ser consideradas como sumisión ya que se hacen con el pleno consentimiento de la persona sometida? ¿La humillación y la degradación no importan cuando las inflige alguien a quien consideramos superior? ¿Acaso será el Marqués de Sade el auténtico inspirador de los textos fundacionales y los acuerdos firmados por la UE?

Claro está, no se puede permitir que Rusia extienda su tiranía a todo el continente y que al final nos obliguen a todos a aprender ruso, como nos previno el siempre clarividente Mark Rutte, actual mandamás de la OTAN y gran lameculos del imperio occidental. Pero lo más chocante es que toda esa magna empresa se lleve a cabo renunciando por completo a toda iniciativa realmente europea, puesto que ya ha quedado claro que incluso las armas necesarias para proteger al régimen mártir ucronazi de Kiev serán de fabricación estadounidense pero pagadas con dinero europeo, con lo cual es de suponer que las propias fábricas de armamento europeas queden absolutamente abandonadas y/o arruinadas, a no ser que el presupuesto dedicado a armamento absorba no ya el famoso 5%, de por sí insostenible, sino cotas verdaderamente demenciales del presupuesto de cada estado. Pero del mismo modo que en los años de la pandemia se sacrificó a la industria farmacéutica europea en favor de compañías como Pfizer o Moderna, sin intentar siquiera elaborar una vacuna propia contra el covid-19, ahora esos eurócratas mayormente alemanes, de la Europa del norte y bálticos, han decidido cortarle el pescuezo también a la industria militar propia.

Pero como siempre, las élites europeas son magistrales en todo lo referente a ocultar los problemas de fondo, lo que nos retrotrae a la novela de Houellebecq. La numerosa población musulmana de Francia es una secuela de su larga etapa colonial, a la que los diferentes gobiernos franceses nunca han sabido renunciar del todo. El hecho de que actualmente estemos asistiendo a los últimos estertores del imperio colonial francés, con países como Níger, Senegal, etc., rompiendo sus lazos económicos y energéticos con la metrópoli, como muchos años atrás hiciera Argelia, no hace sino exponer de manera más evidente todavía hasta qué punto los países occidentales crean sus propios problemas. Y ello tanto en el terreno geopolítico como en el económico, social y cultural.

¿Se cumplirá algún día la predicción de Houellebecq en su novela? Considero que es muy poco probable, no sólo por la fuerte reacción xenófoba que se está produciendo en casi todos los países de Occidente, sino también porque no necesariamente todos los musulmanes habrían de querer ese estado musulmán del estilo sharía. De hecho, ha sido siempre el mismo Occidente el que más ha acosado y hostigado a cualquier país musulmán que emprendiera un camino hacía el laicismo. Mossadegh en Irán, Nasser en Egipto, Gadafi en Libia, Assad en Siria, el gobierno laico de Afganistán, y otros muchos son los ejemplos de que cuando en el mundo islámico ha surgido algún gobernante laico, ha sido objeto de interminables campañas de acoso y derribo por parte del bloque anglosionista y sus cómplices europeos. Occidente siempre ha preferido el islam más oscurantista a cualquier gobierno que pusiera en peligro sus privilegios coloniales y los beneficios de sus compañías petroleras. De ahí que, para Occidente, haya dos tipos de islamismo radical; el bueno y el malo. El bueno lo encarnan los camaleónicos ISIS y Al Qaeda bajo sus distintas etiquetas, el malo es el de Irán, Hamás y los Hermanos Musulmanes. Los “yihadistas moderados” que han usurpado el poder en Siria –casi de inmediato reconocidos y aupados por la UE y USA–, sumiéndola en un auténtico baño de sangre, son el ejemplo más caricaturesco pero a la vez más genuino del Islam que le gusta a las élites occidentales.

Existe, sin embargo, otro factor que pudiera dar cierta verosimilitud a la fábula de Houellebecq. En efecto, los europeos cada vez tienen menos descendencia, con lo cual la población inmigrante y sus descendientes adquieren un mayor peso demográfico. Sumergidos por el propio sistema neoliberal en una cultura que combina a la perfección el hedonismo, el turismo de alpargata, el consumismo de todo a 1 euro y la precariedad más agobiante, junto al lavado permanente de cerebro y la desinformación absoluta a través de los medios de intoxicación de masas, o MSM (Main Stream Media, medios generalistas en castellano), los proyectos de futuro, como por ejemplo fundar una familia, parecen algo muy lejano y de difícil realización. Acostumbrada a la vida relativamente confortable conquistada por sus abuelos, la población asiste entre indignada e impotente al lento pero constante expolio de sus derechos sociales a la par que suenan de manera incesante los tambores de guerra contra Rusia y más allá. Y aquí es donde se manifiesta la plena esquizofrenia del sistema; mientras que se culpa del desmantelamiento del estado de bienestar a los inmigrantes, es imposible prescindir de ellos puesto que no sólo son el ejército de reserva para realizar los trabajos más ingratos, sino también la carne de cañón necesaria para las futuras guerras de la OTAN. Porque esa es la sumisión buena; no la sumisión a los siempre perversos rusos y chinos, o frente a los retrógrados y taimados musulmanes; la sumisión encomiable es la obediencia ciega a las políticas del FMI, OTAN, Blackrock, Unión Europea y los distintos emperadores que se vayan sucediendo en la Casa Blanca.

Veletri

lunes, 11 de agosto de 2025

El vuelo de las grullas

Una izquierda que vaga sombría y desnortada, sin recordar el lugar donde se abren las ventanas, una derecha irracional que va imponiendo su cultura de muerte. Así es el mundo que nos rodea. De nada sirven las consignas que se elevan sobre el pretendido anhelo de “unidad de la izquierda”, muletas para seguir manteniendo el bien comprobado juego sucio de los partidos.

Shakespeare hacia recitar a Ofelia el ofrecimiento de romero para la memoria y trinitarias para el pensamiento. La literatura nos dio en muchas ocasiones la solución a los males personales y sociales. ¿Por qué no abrir los canales del recuerdo y caminar por una senda que se empeñaron en borrarnos, la que nos conducía a un referente, a un sueño que devino en realidad? La temida, la perseguida, la casi olvidada URSS que, sin embargo, dejó sus huellas en muchas otras tierras, como las aves migratorias enseñan las estrategias de sus vuelos aerodinámicos.

Crecimos en un mundo de odio, de mentiras, de historias manipuladas hasta el infinito. No hubo experiencia más cancelada por la propaganda capitalista que la que se hizo con el único estado obrero de la historia. Hasta la izquierda más progresista ha dejado de nombrarlo cuando, desorientada, dice buscar alguna alternativa que nos saque del caos.

No voy a escribir sobre la sucesión de acontecimientos que desembocaron en la creación de la URSS, mi objetivo es desempolvar de la memoria a los protagonistas, nuestros ascendientes, aquellos mendigos que se convirtieron en hombres y mujeres fuertes, como dicen los versos de Miguel Hernández, que consiguieron convertir un país muy pobre y esclavo de los terratenientes, devastado por las guerras civiles, en una superpotencia mundial, a través de una transformación social nunca antes lograda, inspiración de movimientos revolucionarios en todo el planeta. Un país lleno de mujeres y hombres generosos y cultos que fueron capaces de librar a Europa de los nazis y de su máquina de guerra, aún a costa de muchas vidas.

La contribución de la construcción socialista en la URSS hay que verla en relación con la vida de los trabajadores en el mundo capitalista, desentrañando el potencial que posee el socialismo en la mejora y desarrollo de la vida humana, individual y colectivamente. Esta revolución social no se restringe a la conquista del poder político, como hacen las democracias parlamentarias capitalistas. Abarca todos los aspectos de la vida, en un proceso ininterrumpido, es la lucha entre las semillas de lo nuevo contra los vestigios del viejo sistema. Se trata de la formación de unas nuevas relaciones sociales, personales, culturales y económicas, para abolir las relaciones capitalistas de “explotación, desigualdad y guerra” (los tres pilares del capitalismo).

El error de nuestras izquierdas actuales es haber abandonado la esperanza de un mundo sin explotación y haber adoptado, en su desesperación, el reformismo que el sistema le ofrece a cambio de unas migajas de poder político para unos pocos.

Saber que en 1918 el nuevo código soviético desarrolló una red de atención médica para todos, o que eliminó la potestad de los maridos sobre las mujeres, proclamando la igualdad entre ambos, la legalización del divorcio y del aborto como derechos, y la despenalización de la homosexualidad y penalización de su discriminación, nos hace pensar en frutos maduros de una semilla que el viento soviético nos trajo más tarde a los países europeos pero que conseguimos solo en forma de migajas llamadas “estado de bienestar”, ya hoy terminado.

Trabajadoras de la empresa de economía forestal Kondinski. Tiumén. 1964, Víktor Ajlómov

Y si hablamos de derechos laborales, pocas veces se recuerda en los medios que ya desde Noviembre de 1917, en la URSS los obreros trabajaron siete horas diarias, igualando los salarios promedios, los especialistas solo cobrarían dos veces el salario básico, con un sistema de pensiones para ancianos cuya jubilación se estableció a los 55 años para las mujeres y a los 60 para los hombres, con vacaciones anuales pagadas y alojamientos, sanatorios, casas de descanso, balnearios, a disposición de todos los trabajadores, con alojamiento, comida, programas recreativos, culturales, deportivos, tratamientos sanitarios y de rehabilitación”, gratis o casi gratis (por algunos servicios pagaban el 20% del total).

Un profundo impacto cultural y social transformó la forma de pensar de un país tan inmenso, “nacieron cereales, tractores, enseñanzas y caminos”, canta Neruda, al igual que loaron y apoyaron tantos otros intelectuales del mundo aquella epopeya del pueblo ruso, un pueblo que eligió la paz frente al temblor de la guerra en Europa, un pueblo que se atrevió a cantar con Mayakovski un solo en la flauta de los canalones.

En cuanto a logros en educación y desarrollo científico, la labor de Nadezhda Kropskaya junto a su numeroso equipo, fue impresionante, una campaña de alfabetización masiva que alcanzó a las quince repúblicas soviéticas, un sistema educativo gratuito, universal y público, junto a la reconstrucción de las viejas escuelas y universidades, creando además muchas otras nuevas sobre todo en las regiones periféricas que carecían de ellas. Ya quisiéramos nosotros, los europeos actuales, un modelo pedagógico como el que implementaron aquellos titanes de la cultura, una educación holística, integral, basada en la experiencia, en la cooperación y en el conocimiento, alejada de cualquier doctrina religiosa.

La cultura soviética estuvo en la cumbre de las vanguardias, a pesar de las toneladas de basura que arrojó la guerra fría sobre sus producciones artísticas, cinematográficas y de animación, musicales, teatrales, operísticas, literarias y científicas.

Hoy el hambre recorre los países del capitalismo y “la guerra va erizando los caminos” de Europa. Nosotros, los europeos ya no sabemos de revoluciones, los mandamases del capital nos cerraron los ojos, nos cosieron los labios, obstruyeron nuestro olfato y solo escuchamos los mandatos de un altavoz sin cara. Quizás desde alguno de los callejones donde nos deja abandonados esta sociedad tan cruenta, veamos el vuelo de las grullas que en invierno migran desde las estepas rusas hasta Europa, y nos preguntemos de dónde vienen y cuánta tierra se necesita para vivir dignamente.

Eirene

"Zhuravli" (Las grullas). Canción del poeta ruso Kobzon y del músico Frenkel, en recuerdo de la niña de Hiroshima, Sadako Sasaki y sus mil grullas de papel. La dedicaron también a los soldados desaparecidos en las guerras.

sábado, 28 de junio de 2025

BREVE CRÍTICA DE LA RAZÓN WOKE

¿Existe algo así como unas pautas de conducta válidas y generalmente reconocidas para la civilización occidental? Desde luego, para la población de la gran mayoría de las naciones occidentales el cristianismo ya ha dejado de cumplir ese papel. Cierto que todavía existen algunos países o regiones al parecer irreductibles a la manera de pensar laica, tales como el Bible Belt norteamericano, Polonia o la cada vez menos católica Irlanda. Pero la tendencia general marcha hacia unas sociedades cada vez más hedonistas e incluso narcisistas que son consumistas en la medida de lo que pueden. Para las nuevas generaciones, en su mayoría, Instagram o Tik Tok son mucho más relevantes que cualquier religión, si bien es cierto que no existe ninguna incompatibilidad entre la fe y las redes sociales y de hecho muchos creyentes las usan. Ciertamente grupos ultramontanos de extrema derecha han adquirido una enorme habilidad en convertirlas en un arma masiva de transmisión de sus ideas. Pero para una gran mayoría, dichas redes sociales son una herramienta para dar a conocer una vida social que en realidad interesa a muy pocas personas, una estrategia publicitaria y a menudo un escaparate donde lucir las propias habilidades e incluso el propio físico.

Por otra parte, el hecho de que muchos problemas sociales queden soterrados por el glamour de andar por casa de Instagram no significa que hayan quedado resueltos. Si bien los europeos que protestan de una manera efectiva por el genocidio de Palestina son una minoría al tratarse de un problema que “no nos afecta”, la degradación de los derechos laborales, la vivienda, la sanidad, la educación y tantas otras cosas en el mismo Occidente deberían causar un clima generalizado de protesta y rebelión que en raras ocasiones se manifiesta. Desde luego, si esa protesta se produce algún día no será a través de los partidos políticos establecidos, todos ellos cooptados en mayor o menor medida por la teoría y la mística liberal, desde la barbarie fascista de un Javier Milei en Argentina al tibio socioliberalismo de los partidos europeos supuestamente progresistas, convertidos en meras réplicas del neoliberal y elitista Partido Demócrata USA. Dichos partidos han aceptado de manera expresa o implícita la idea de que es el mercado el que debe regir casi todos los aspectos de la existencia humana, y por lo tanto se diferencian cada vez menos de los partidos clásicos de derechas. Recordemos que el mismo Emmanuel Macron, el presidente que más ha hecho por imponer el neoliberalismo en Francia, empezó su carrera en el PSF, lo mismo que el inefable Manuel Valls, quien quería en efecto cambiar el nombre de socialista por el de “demócrata”, una idea que fue realizada por completo en Italia, donde un partido lejanamente derivado del PCI se autodenomina “Partido Democrático”.

¿Pero dónde quedan todos estos partidos supuestamente “de izquierdas” después de haber perdido casi todas sus señas de identidad? ¿Qué les queda como argumentario o soportes ideológicos? ¿Qué hacer para que no se les aplique la misma broma que mejor define el circo de la política estadounidense, o sea, unas elecciones entre la Coca-Cola y la Pepsi Cola? Tras haber abominado no sólo de Karl Marx, sino de cualquier proyecto remotamente revolucionario, hacía falta crear una ideología de reemplazo. Algo que disimulara la carencia de vigor y de auténtica pluralidad de las llamadas democracias occidentales. Y puesto que se daba por supuesto que alrededor del 60/70% de la población occidental vivía en una cierta prosperidad que la convertía en una especie de pequeña burguesía filistea global que toleraba además el constante enriquecimiento del famoso “one percent of the one percent”, del que hablaba “Occupy Wall Street”, había que buscar la reivindicación de causas en realidad lo más apolíticas posibles a las que se dio apariencia de problemas endémicos y/o casi irresolubles.

El primero de esos problemas fue probablemente el feminismo. Había que reivindicar la posición de la mujer en la sociedad y liberarla por completo de la servidumbre doméstica. Pero aquí surge la primera cuestión que la ideología woke tiene una gran habilidad en confundir. ¿La lucha contra el patriarcado debe abordarse desde una perspectiva exclusivamente de género y a ser posible andrófoba o debe incluirse la lucha de clases en la ecuación? ¿Hasta qué punto debe ser feminista una sociedad? ¿Basta con que el 40% por ciento de sus cargos dirigentes estén ocupados por mujeres? ¿El 50%? ¿El 70%? ¿Puede ser considerada “feminista” una sociedad en la que una exigua minoría de mujeres ocupen puestos de altísima responsabilidad pero aplicando los mismos criterios racistas, supremacistas y clasistas que sus predecesores masculinos mientras que el 90% de las mujeres –y los hombres– viven en una creciente precariedad que cada día degrada más la calidad de sus proyectos de vida? ¿Una mujer madre soltera que necesita trabajar en dos o tres empleos distintos para poder alquilar una simple habitación , como explica la feminista norteamericana Barbara Ehrenreich en su libro “Nickel and Dimed”, puede considerarse como emancipada o más bien está sufriendo un tipo distinto de servidumbre al de la mujer española con la pata quebrada y en casa o como aquellas mujeres que consumían sus vidas en las fábricas del siglo XIX con una esperanza de vida de unos treinta y pico años? Existe una enorme diferencia entre el feminismo corporativo, que es el que inculca de diversas maneras la ideología woke, y el feminismo que se entiende a sí mismo no sólo como una lucha contra los prejuicios y las discriminaciones machistas sino también como una lucha contra los mecanismos de explotación propios del capitalismo. El feminismo que cree que todos los problemas sociales derivan de los cromosomas, y el que entiende, como dice el filósofo italiano Maurizio Lazzarato, que el capital odia a todo el mundo.

Otra faceta quizá todavía más siniestra del feminismo woke o corporativo es la incitación continua a que las mujeres, así como los homosexuales o las mujeres trans, participen de manera mucho más activa en la guerra, a ser posible alistándose en el ejército de manera masiva, para alcanzar así “una plena igualdad de derechos con el hombre”. Dicho de otro modo; debe ser posible inculcar a las mujeres el mismo odio, el mismo fanatismo chauvinista o colonial, el mismo desprecio a la vida de los demás e incluso a la propia que ha caracterizado durante siglos a los soldados de los países occidentales. Se ha hablado mucho -y con razón- de la necesidad de compensar económicamente a las mujeres por su trabajo doméstico, pero ¿qué salario habría sido lo suficientemente alto para compensar a los cientos de miles de soldados que se masacraron mutuamente durante la Primera Guerra Mundial? Pienso en los famosos “poilus” franceses y sus congéneres de los demás países de las diversas potencias coloniales europeas en guerra. Las mismas potencias (neo)coloniales que en la actualidad están bendiciendo al gobierno filonazi de Ucrania, a los genocidas sionistas de Israel o a los “yihadistas moderados” que han tomado el poder en Siria con el apoyo pleno de Occidente. Y partiendo de esos supuestos, ¿qué salario cabría pagarles a las mujeres que imitaran a los hombres del pasado -y riguroso presente- y perdieran sus vidas en el frente de batalla?

La ecología ha sido y es otra de las causas preferidas de la ideología woke. Esa ecología que se basa en la construcción casi infinita de pantallas solares, turbinas eólicas y otras instalaciones con un enorme coste ambiental en tierras raras y consumo energético real (ver el documental “Planet of the Humans“), y cuyo máximo exponente es esa Alemania “grüne” que se ve obligada a importar energía de las centrales nucleares francesas. Ese ecologismo que siente un enorme pánico al calentamiento global pero al que le trae prácticamente al pairo una guerra nuclear contra el nuevo eje del mal Rusia-China-Irán (con la posible inclusión de la India en un futuro más o menos lejano). Son partidos cuya retórica belicista no tiene nada que envidiar a la de los políticos europeos de las primeras décadas del siglo XX. Más bien al contrario; si en esa época se hablaba de la Primera Guerra Mundial como de “la guerra para terminar con todas las guerras”, en las primeras fases de esta Tercera Guerra Mundial que estamos viviendo se nos dice sin el menor rebozo que el pacifismo es una idea obsoleta (Margarita Robles dixit).

Pero quizá la joya de la corona de la ideología woke sea la defensa de los derechos gay y de las personas trans. Ante la pérdida de sentido, credibilidad y contenido de la religión tradicional en Occidente, el tabú contra la homosexualidad en todas sus variantes parece haber perdido todo su sentido. Como muy bien explicó hace ya cuarenta años el antropólogo Marvin Harris, la fobia a lo gay ya no tiene lugar en sociedades en las que ya ni siquiera es necesario reemplazar a la población existente puesto que la robotización creciente de los procesos de producción hace que la mano de obra humana sea cada vez más redundante, contando por lo demás con la incorporación masiva de las mujeres al mundo laboral. La familia nuclear ha dejado de ser indispensable para el Occidente colectivo. Por otra parte, las grandes masas de inmigrantes que llegan a Estados Unidos y Europa pueden ser la perfecta carne de cañón para las guerras que planea ese mismo Occidente. De hecho, la ideología woke, especialmente cuando desde el centro vital yanqui gobierna el Partido Demócrata –en el Reino Unido laboristas y conservadores comparten el wokismo casi por igual-, se ha convertido en un claro sustitutivo de la religión cristiana. Si antes se trataba de evangelizar al mundo, ahora se trata de venderle o, si es necesario, imponerle– las bondades de la ideología “inclusiva y de la diversidad”. La pesada carga del hombre blanco para civilizar al mundo –the white man’s burden, que decía Rudyard Kipling– sigue reposando sobre los hombros de Occidente, sólo que ahora la cruz se ha transformado en una bandera lila. El yuppie gay californiano de éxito se ha convertido en una figura a imitar, como si no existieran miles de gays y lesbianas pobres y quizá sin hogar, cuya falta de atractivo físico ni siquiera les hace deseables para las personas de su misma orientación sexual. Pero aquí ha surgido un problema. Si bien durante la época de la guerra fría las clases dirigentes del mundo entero sentían auténtico terror a que la ideología soviética o socialista, por muy estatizada o adulterada que estuviera, se extendiera a sus propios países, esas mismas clases dirigentes musulmanas, hindúes, chinas, asiáticas, latinoamericanas, etc., y por lo tanto veían con buenos ojos el liberalismo occidental, ahora ven con auténtica perplejidad y desaprobación los progresos en Occidente del wokismo, en especial en lo referente a su obsesión con la diversidad sexual. Un wokismo que choca no sólo contra todas sus tradiciones culturales y religiosas, sino que tiene muy poco que ver con los temas realmente candentes en esos países.

Pero ahí reside la misma esencia de la ideología y de la razón woke. De la misma forma que las grandes compañías norteamericanas financian al más bien insípido y muy limitado ideológicamente Black Lives Matter, mientras que hicieron todo lo que estuvo en su mano para aniquilar a los Panteras Negras y otros movimientos del black power durante los años 60, el sistema está encantado con una ideología que cosifica la sexualidad como si fuera uno de los poquísimos derechos legítimos del individuo, mientras que a todo lo demás –sanidad, educación universitaria, vivienda, derechos laborales, pensiones de jubilación ,etc– se le hace depender casi por completo del divino mercado. Si las religiones anteriores buscaban controlar el comportamiento humano a través de la represión de la sexualidad, el wokismo la ofrece como una especie de razón de ser y de premio de consolación ante la perdida gradual pero progresiva e implacable de los demás derechos bajo el camino de servidumbre trazado a mediados de siglo pasado por economistas como Milton Friedman o Friedrich Hayek y emprendido con entusiasmo por las cúpulas dirigentes del mundo occidental a principios de los “gloriosos” años 80.

Veletri

miércoles, 28 de mayo de 2025

Tierno, triste, amargo

Conozco un sentimiento que contiene las tres cualidades del título, no sé determinar en qué cantidad se mezclan, pero sé su nombre: esperanza.
Intentaré argumentar esta afirmación aunque parezca una paradoja irresoluble. Para ello me basaré en tres películas (el cine enseña). Las tres tienen en común la insoportable soledad de los niños en este mundo tan complejamente absurdo, en el que desde la primera infancia se les institucionaliza para “educarlos” según las normas establecidas por el sistema (a algunos incluso se les quita la vida con bombas o por hambre), recibiendo toda la presión que la olla social abarca. ¡Y mucha incomprensión!
Más que hablar de la escuela, quiero hablar de los niños (nosotros lo fuimos ya hace mucho tiempo). Buscar en la memoria alguna raíz de nuestra propia infancia nos ayuda a comprender las tensiones que viven hoy en este mundo aún más caótico y confuso que el nuestro.

El niño palestino que hizo este dibujo se enfrenta a los poderes de un mundo insolidario. Fue censurado en una exposición del Museo de Arte de Oakland (EE.UU.). Algunos medios lo reprodujeron, es un grito desesperado para transmitir lo que los niños de Gaza viven diariamente.

Dibujo de un niño palestino (2011), censurado en un museo de EE.UU.

Comencemos por la ternura necesaria. La primera película, “L´école buissonnière” (1949) trata de un maestro en los años 20, que lucha solo frente a una escuela tradicional, escolástica, una enseñanza aislada de la vida que viven los niños. En este caso el ambiente es una escuelita rural en la Provenza francesa, el maestro logra escucharles, ofrecerles todos los recursos posibles para que sus mentes trabajen de una forma conectada con sus propias vidas. A pesar de los obstáculos que le imponen los caciques, la comprensión (que no deja de ser ternura) y la escucha, logran que los pequeños aprendan a oír su propia voz, a desarrollar su ansia de conocimiento, inherente a todos los niños que no se arredran a la hora de trabajar y esforzarse porque alguien ha comprendido que es más importante para ellos fabricar un pequeño molino en el río capaz de dar corriente y encender una bombilla o conocer los derechos humanos, que la fecha de cualquier batalla de Carlomagno. Y que los conocimientos hay que compartirlos con niños de otros lugares lejanos, a través de la correspondencia y un periódico, hecho con una imprenta que aprenden a manejar ellos perfectamente.
Aunque cambiando el nombre, es la vida de Célestin Freinet (1866-1966), el pedagogo que tanto aportó a la escuela nueva en todo el mundo, cuyos principios se basan en el método natural de aprendizaje, en la escuela del trabajo, en el tanteo experimental conectado a la vida.

Vayamos ahora con la tristeza. Casi todos habréis visto “El maestro que prometió el mar” (2023), preciosa cinta, con grandes dosis de ternura, de comprensión y de escucha, garantizadas por un maestro entregado que también desafió a los poderes caciquiles en la España rural de 1935. Su labor (freinetista también) fue compensada en la escuela, no así en su propia persona, que recibió todo el peso de la represión y crueldad falangista y fascista, sin concederle siquiera a su familia el sosiego de poder encontrar sus huesos.

De mal en peor, la vulnerable adolescencia ha ido enfrentándose a la sociedad del siglo XXI, en la que la supuesta democracia con cara de piel de cordero, el doble pensar, la competitividad, la incertidumbre ante el propio futuro y la confusión como cartel anunciador de una irracionalidad aceptada, ha traído a unos adolescentes vacíos, tristes, enfadados, amargados, sin proyectos, sometidos a una presión insoportable, con la absoluta incomprensión de los adultos, a los que le es indiferente si viven o si mueren.

Aquí entra la tercera cualidad, la amargura, y la tercera película “Indiferencia” (2011), con un Adrien Brody magnífico, como siempre, haciendo el papel de profesor en un instituto llamado “conflictivo”, de EE.UU., donde se retrata con crudeza la dura realidad que viven muchos adolescentes en las sociedades denominadas democráticas. La película comienza con una cita de Albert Camus, recitada por Adrien Brody: “Jamás había sentido a la vez tan profunda indiferencia de mí mismo y de mi presencia en el mundo”, y concluye la cinta con un párrafo de “La caída de la casa Uhser” de Poe, que reproduzco porque no solo cualquier profesor, también cualquier persona ha tenido alguna vez estos sentimientos de fracaso, de desconsuelo, tan bellamente descritos:

“Durante todo un día de otoño, triste, oscuro, silencioso, cuando las nubes se cernían bajas y pesadas en el cielo, crucé solo, a caballo, una región singularmente lúgubre del país; y, al fin, al acercarse las sombras de la noche, me encontré a la vista de la melancólica Casa Usher. No sé cómo fue, pero a la primera mirada que eché al edificio invadió mi espíritu un sentimiento de insoportable tristeza. Digo insoportable porque no lo atemperaba ninguno de esos sentimientos semiagradables por ser poéticos, con los cuales recibe el espíritu aun las más austeras imágenes naturales de lo desolado o lo terrible. Miré el escenario que tenía delante –la casa y el sencillo paisaje del dominio, las paredes desnudas, las ventanas como ojos vacíos, los ralos y siniestros juncos, y los escasos troncos de árboles agostados– con una fuerte depresión de ánimo únicamente comparable, como sensación terrena, al despertar del fumador de opio, la amarga caída en la existencia cotidiana, el horrible descorrerse del velo. Era una frialdad, un abatimiento, un malestar del corazón, una irremediable tristeza mental que ningún acicate de la imaginación podía desviar hacia forma alguna de lo sublime” (Edgar A. Poe, “La caída de la casa Usher”).

El mensaje de la película, es constatar el abatimiento que supone enfrentarse a la dura realidad como mentor que ayuda a comprender la complejidad de este mundo en el que vivimos (dice el protagonista).

Con la mixtura de todos estos ingredientes, introduzco el término “esperanza”, aunque esta palabra forme parte de la llamada “lista de las antiguallas”, interesada lista metida a martillazos hasta en lo más profundo de la amígdala por las doctrinas seculares actuales. No me refiero a una esperanza de brazos cruzados, sino libres para actuar, desde cualquier ámbito, para gritar nuestra angustia, para trabajar con ternura, con tristeza o con amargura. Serán otros quienes den un sentido al caos y a la confusión, nosotros ya no lo haremos (y por qué no, también nosotros).
Por último decir que mi intención no es hablar de cine, a pesar de que haya nombrado las tres películas que enlazaré abajo para quien quiera verlas, sino de la infancia y adolescencia (de la nuestra y de la actual), de la escuela, de la educación, de si es cierto o dudoso que la esperanza tiene algún recorrido hoy. (Las conversaciones, siempre al gusto de los compañeros foreros).

Eirene

Las tres películas (las podéis ver haciendo clic en el título):
L´école Buissonnière (1949) (sub. español) – Bernard Blier
El maestro que prometió el mar (2023) – Patricia Font
Indiferencia (2011) - Tony Kaye

sábado, 19 de abril de 2025

ANDY Y COMPAÑÍA

¿Qué hay más inocente que el cómic? El cómic sirve para compartir algunas risas, entretener al público infantil o a los adultos, y para no tomarse la vida tan a la tremenda que total son tres días y dos de ellos llueve. O al menos, esa ha sido la idea que se ha mantenido en el subconsciente colectivo de millones de personas. El concepto de que no había que tomarse en serio lo que apareciera en los tebeos.

Todos sabemos que eso no es así. De hecho, los comics de humor digamos blanco, del estilo de Charlie Brown y Snoopy, Garfield, etc., son casi una minoría. Una de las maneras de politizar el cómic, casi como cualquier medio de expresión en esta vida, es justamente esforzarse en no transmitir mensaje político alguno. Y si es verdad que existen auténticos genios del humor blanco, que no tiene por qué ser menos talentoso que el humor crítico o satírico, el color político de los diversos autores sale casi siempre a relucir. Son inconfundibles las reflexiones críticas de Mafalda sobre el mundo contemporáneo, no es nada difícil ver el trasfondo político de muchos comics de la Marvel, y la lista podría seguir casi hasta el infinito. En una entrada anterior, mencioné el famosísimo álbum “Tintín en el país de los soviets”, un auténtico espejo de la propaganda política antisoviética de la época.

¿Pero qué ocurre cuando en un cómic el personaje protagonista se burla de sí mismo? Probablemente eso sea lo más sano del mundo. Indica una amplitud de miras y una gran capacidad de autocrítica.

O tal vez no.

Muchos de los comics del franquismo, particularmente los de la editorial Bruguera, reflejaban a personajes tremendamente mediocres –los antihéroes de Ibañez, por ejemplo–, pero esa misma mediocridad podía detectarse en muchos personajes de otros dibujantes de la casa, como por ejemplo Manuel Vázquez, José Escobar, Peñarroya, etc. Los que pasamos la infancia leyendo esos comics lo recordamos muy bien. Es muy probable que esa sensación de fracaso que exhibían los personajes fuera un muestrario del sentimiento de frustración de los derrotados en la guerra civil española. Una confirmación de la pérdida de autoestima de la sociedad en su conjunto, si bien es cierto que los personajes ridículos y mediocres siempre han sido una inspiración para los cómicos de todas las épocas.

Pero también puede suceder que esa ironía o supuesta autoironía se dirija a una clase social entera. A través de un personaje, pueden perpetuarse los clichés estigmatizantes que de hecho afectan a capas enteras de la población. Y si eso se hace de una manera simpática y con cierto talento, esa estigmatización es todavía más efectiva.

Personalmente no se me ocurre mejor ejemplo de lo que estoy diciendo que la serie británica, Andy Capp, publicada desde 1957 en el diario Daily Mirror, leído normalmente por los votantes laboristas, o al menos eso se supone, y obra del dibujante y guionista Reg Smythe. Andy es un haragán a tiempo completo que pasa su vida cobrando un seguro de desempleo no demasiado justificado, jugando a los dardos, al billar o a las cartas, emborrachándose, y dándole sablazos a su esposa Florence, llamada así en honor a Florence Nightingale, flirteando por lo general sin éxito con otras mujeres, etc. Para quien sea un lector más o menos regular de la serie, no consta que Andy haya tenido un trabajo más o menos útil en toda su vida, o quizá sí, porque de lo contrario seguramente no estaría cobrando un seguro de desempleo. Pero si alguna vez trabajó, fue sin duda en una época muy remota perdida quizás en la noche de los tiempos. Las características del personaje, a menudo reflejadas en gags realmente tronchantes, se graban de manera indeleble en el lector.

La entrada de la Wikipedia dedicada al personaje tiene esto que decir al respecto:
“Al principio, la tira de Andy Capp fue acusada de perpetuar estereotipos sobre los norteños británicos, quienes en otras partes de Inglaterra son vistos como desempleados crónicos, dividiendo su tiempo entre el sofá de la sala y el bar del barrio, con algunas horas reservadas para peleas a puñetazos en los partidos de fútbol… Pero Smythe, originario de esa región, sentía un gran afecto por su inútil protagonista, lo cual se reflejaba en su obra. Desde el principio, Andy ha sido inmensamente popular entre la gente a la que supuestamente critica”.

Esta explicación puede sonar de lo más convincente, pero pienso que hay que verla en su contexto. Como muy bien explica el escritor británico Owen Jones en su libro “Chavs”, la demonización y estigmatización de la clase trabajadora ha sido una constante de la sociedad inglesa, incluso antes de la época victoriana. Y en el caso de Andy, ¿se puede realmente sentir afecto por un individuo borrachín que actúa como un auténtico parásito social y se dedica a esquilmar a su mujer y a sus amistades cada vez que puede? Lo cierto es que el perfil de Andy, en efecto, cuadra a la perfección con ese estereotipo clasista que en diversas épocas de la historia de Inglaterra ha servido para señalar con el dedo a las prostitutas, los desfavorecidos y las clases trabajadoras en general. Es cuando menos curioso, por no decir sintomático, que un periódico tabloide supuestamente tan cercano a las clases populares de su país haya lanzado a este personaje y más con un éxito tan notable.

Por supuesto, siempre se puede argumentar que las críticas a la tira del bueno de Andy muestran una cierta ausencia del sentido del humor. ¿Acaso se trataría de dedicarse a una empalagosa y probablemente falsaria mitificación de la clase trabajadora? Por supuesto que no. Pero no deja de llamar la atención que la sociedad británica sea capaz de producir un cómic así, tan acorde con los prejuicios y los intereses de las clases dirigentes inglesas –¿británicas?–, y tan distinto del talante crítico y reflexivo de la ya citada Mafalda, o incluso de series de comics norteamericanas como “The Wizard of Oz”, o “Dilbert”, que satirizan ya sea al poder en general, en el caso de la primera, o a la cultura empresarial yuppie en el caso de la segunda. Ya no hablemos de los comics que aparecen o aparecieron en la revista satírica española “El Jueves”, con sus críticas al estamento militar –“Historias de la puta mili”–, hacia el fascismo –"Martínez el facha”–, etc. En la desaparecida revista francesa Pilote, pudieron leerse durante algunos años las desventuras del “Sergent Laterreur”, una especie de Sargento Arensivia con un dibujo especialmente surrealista y descarnado difícil de olvidar para quienes lo vimos y disfrutamos. En Gran Bretaña, sin embargo, el aguijón de la sátira parece reservado justamente hacia aquellos que disponen de menos herramientas para defenderse de la misma. No sólo los famosos “royals” parecen inmunes a la crítica, sino también todos los estamentos de las clases dirigentes del país. ¿Simple casualidad o revelación de un subconsciente nacional muy profundo?

Veletri

domingo, 16 de marzo de 2025

NADA QUE PERDER: FRACASADOS Y NEUTRALES

Un yanqui lo que más teme es la etiqueta de "loser", de "perdedor/fracasado". Su sociedad anglosajona se basa en los Winners, los Triunfadores, y eso se refleja en tener mucha pasta, cuyo siguiente escalón es tener Poder, algo sólo para unos pocos elegidos. Y para eso todo vale porque su Dios bendice el Dinero: los Kennedy se hicieron ricos gracias a la ley Seca, Trump es un especulador inmobiliario, Gates engañó a IBM y Facebook se asentó saboteando el proyecto de los compañeros que confiaron en Zuckerberg. Pero Europa tiene una historia mucho más larga y culta que USA, y más digna que los corsarios del Reino Unido. Ahora que TRUSK nos mira como basura, toca alejarse de la pérfida Albión que aún tiene el morro de fingirse miembro de Europa: nos abandonó en 2016 y su libra va por libre, a costa del euro.

80 años sometidos al "amigo americano", para acabar constatando que somos escoria para él, un negocio que ya no le resulta rentable. Ya no hay el peligro comunista, ni siquiera existe la URSS, ni Socialista ni Soviética. Sólo una Rusia en manos de oligarcas a los que Putin ha metido en vereda (plata o plomo) y a quienes el comercio con Europa les hace más ricos que seguir pagando armas para la picadora de carne que es Ucrania. Ahora que Trump pasa de Europa, ¿por qué no pasar de los anglosajones y de todos los gobernantes al servicio de las multinacionales? Macron fue servidor de Rostchild, Merz a sueldo de BlackRock y Meloni para el Imperio Berlusconi (el diablo le guarde), con la Borderline sobornada por Pfizer. Todos estos hablan de 800.000.000.000 euros para armamento. Pongo la cifra en números para que se vea que es astronómica, y una deuda inasumible porque no es una inversión sino un gasto que se va por el retrete, como los Leopard de 28 millones que hubo que chapucear para que llegaran a Ucrania a servir de tiro al plato para los rusos.

Acabo de ver que la versión LEOPARD 2A4 se vende por 157 millones sin IVA. Los checos se van a comprar 14: sólo eso supera el UNO por ciento de su gasto público anual. Es una puta locura, cuando es su déficit presupuestario lo que puede impedir entrar en la zona Euro en este julio del 25. Mejor no comentar que nuestro banco Central tiene ya un déficit de 8.000 millones de euros: y eso es la centésima parte de lo que quieren gastar en beneficio de la industria anglosajona y las europeas. 7 marzo 2025, el Confidencial: "El rearme del Viejo Continente deja ganancias de más del 100% en el año en las empresas europeas de defensa" SER: "Las empresas de armamento saborean el rearme europeo… los beneficios podrían DUPLICARSE en 2026" Beneficios del 200% permiten entender muchas cosas ¿verdad?, como las comisiones que esperan a quienes firmen esa "defensa contra Rusia". Hyperion Fund, de Pablo Casado y el sobrino de Botín, negocia con tecnología de defensa y cibeseguridad: se van a forrar…

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Hay una diferencia semántica entre "derrotado" y "fracasado". DERROTA: vencimiento, rendición, aplastamiento, paliza. Es perder un combate, una guerra. Hay un vencedor y hay que someterse a él. FRACASO: Malogro, resultado adverso de una empresa o negocio, fiasco, malogro, chasco, decepción, hasta "naufragio"!!! En pedagogía, se habla del aprendizaje por Ensayo y ERROR: son los "resultados adversos" los que conducen, si se supera la decepción, al "resultado propicio" gracias a lo aprendido. No nos podemos comparar con la renta per cápita de los yanquis: 83.000 $ = 77.000 € cuando la Unión Europea no llega a la mitad: 38.000 € y España se queda en 33.500 €, con una desigualdad creciente. Un yanqui emite 16 toneladas de CO2, España "sólo" 5,3 toneladas, por debajo de la media europea que son 6.

Es la hora de que el pueblo europeo, los trabajadores, pensionistas y familias que no quieren hipotecar el futuro de sus hijos, cambiemos el paradigma: en lugar de imitar el estilo consumista americano, elegir una forma de vida más sencilla; romper con nuestra depredación colonial y entender un mundo multipolar. Aliarnos con China y Rusia con acuerdos comerciales que sean beneficiosos para todos. Eso es imposible con los politicastros que tenemos como gobernantes, este Extremo Centro donde conviven la Ultraderecha xenófoba de Meloni con la supuesta socialdemocracia de Sánchez porque él tambien aprueba las devoluciones en caliente y acepta la orden del Secretario de la OTAN, Rutte, de reducir el gasto público en pensiones y sanidad para gastarlo todo en armas… Rutte, holandés, es el enésimo esclavo de las multinacionales: Unilever con su filial Calvé le tuvo en nómina de 1992 a 2002. Justo entonces logró ser Secretario de Estado de Asuntos Sociales y Empleo, y luego de Educación para seguir su carrera política hasta ser Primer ministro de 2010 a 2024. Los salarios de los políticos explican que se sientan miembros de una CASTA ajena a la plebe: Rutte cobraba 170.000 € como primer ministro de Holanda y ahora 322.000 libres de impuestos como jefazo de la OTAN.

Se busca nuevo Secretario General de la OTAN y este será su sueldo
El próximo 1 de octubre Jens Stoltenberg deberá renunciar a su puesto
de una manera irreversible tras 10 años en el cargo.

Demasiados políticos serían incapaces de llegar a fin de mes con el SMI español de 16.600€ anuales, diez veces menos que lo que pillan. Incluso cinco veces menos que lo que se llevan muchos concejales. Ni siquiera se plantean cómo pueden sobrevivir una viuda o alguen con una pensión no contributiva de 560 € al mes: o comes o pones la calefacción. Porque no saben cómo vivimos, no podemos aceptar que decidan cómo vamos a morir: si en el frente de Ucrania bajo los drones o muertos de asco sin pensión porque todo se gasta en la "guerra cibernética" de la que habla Sánchez, con conocimiento al haber sido espiado con Pegasus, herramienta israelí con la que le tienen cogido de los mismísimos…

Ya estamos grandecitos para más cuentos, ni de progreso indefinido ni de "que viene el lobo ruso". Aceptemos que vamos a vivir con más simplicidad, sin tantas comodidades, pero sin tanto parásito que son los políticos a sueldo de las multinacionales y los ejércitos con juguetes cada vez más caros y sofisticados. Paz y Comercio multilateral, es la solución.

Sentido común

viernes, 14 de febrero de 2025

LA DISTOPÍA

Es difícil moverse en un cenagal de arenas movedizas, porque cada paso te hunde más en el barro. De la misma forma, cuando una sociedad alcanza un determinado nivel de deterioro y desintegración, ninguna de las soluciones propuestas parece funcionar. En la política de los países occidentales, estas situaciones de impasse, quizá de hartazgo histórico o de la Historia, han llevado a elecciones casi imposibles entre lo malo y lo peor, sin poder estar ni siquiera muy seguro de qué es lo peor: en Estados Unidos, se da a elegir entre el ultraliberalismo nacionalista y supremacista de Trump y el neoliberalismo straussiano de los demócratas, en Francia entre el discípulo de Rothschild Macron y la xenófoba neofascista Marine Le Pen, en Gran Bretaña entre los conservadores y los laboristas totalmente desnaturalizados de Keir Starmer… En definitiva, la contienda política se reduce a unas elecciones desesperanzadas en las que el sistema no busca otra cosa que perpetuarse a sí mismo, mientras que a los ciudadanos se les contempla como a rebaño al que manipular y que no puede sino moverse en un margen cada día más estrecho de la ventana de Overton; cualquiera que discuta las medidas tomadas durante la pandemia es un conspiranoico, cualquiera que ponga en cuestión la versión otanista de la guerra de Ucrania es un esbirro o un tonto útil de Putin, cualquiera que critique el genocidio de Gaza es o un antisemita o un agente iraní, etc. No hace mucho el excomisario de la UE para comercio interior Thierry Breton advirtió de que un resultado electoral poco satisfactorio para Bruselas en las inminentes elecciones alemanas se encontraría con una anulación o veto por parte de la UE, como ya ocurrió en Rumanía, y ya no hablemos si la disidencia política llega a unos temas más ideológicos como, por ejemplo, poner en tela de juicio la agenda neoliberal, auténtico tronco común de la UE y la Casa Blanca de los demócratas, una agenda que sólo desde la llamada extrema derecha es posible poner en tela de juicio en algunos puntos, ya que cualquier desviación de la doctrina hegemónica desde la izquierda es tachada de marxismo anticuado o estalinismo. De hecho, el mismo sistema ya apenas les encuentra utilidad a los partidos conocidos como socialdemócratas, puesto que se han convertido en meros instrumentos de las élites globalistas neoliberales que dominan hasta el último recoveco del más bien paupérrimo pensamiento político occidental moderno.

Sin embargo, esta homogeneidad de pensamiento, con los Trumps, Melonis o Le Pens de turno como agentes díscolos, no está llevando a unas sociedades más integradas y funcionales, sino a todo lo contrario. La distopía ya ha dejado de ser un fantasma lejano para convertirse en la parte más sólida y visible de la realidad. En un panorama de una impecable pureza orwelliana, la degradación de la sanidad y los servicios sociales es constante, el ascensor social ha sido sustituido por una especie de cuerda de alpinista del Everest y los medios hegemónicos de desinformación masiva han abandonado cualquier papel que no sea el de mera correa de transmisión de los mensajes del poder. Las campañas monolíticas para incentivar el pánico en tiempos del Covid e imponer las vacunas y de una rusofobia de una intensidad casi de progrom medieval con motivo de la muy provocada guerra de Ucrania han creado la mentalidad necesaria para encararse de manera obsesiva a un supuesto enemigo externo al que culpar de todos los males, mientras que la extrema derecha abona el terreno de la confusión tildando de izquierdistas o incluso de pseudomarxistas a instituciones o programas como la UE, el Partido Demócrata de los Estados Unidos, la OMS o el famoso reseteo de Klaus Schwab. Nunca la desinformación ha tenido tantos padres de tantas filiaciones distintas y nunca se ha dominado con tal maestría la estrategia del caos.

Así que mientras la ideología woke escinde la sociedad, otorgándole una importancia desorbitada a las cuestiones de género, como si el mero hecho de ser homosexual o lesbiana fuera un marchamo de pureza ideológica o progresismo y no una simple preferencia sexual, y como si en la vida de los seres humanos no existiera otra cosa que la sexualidad o la identidad racial, olvidándose de minucias como la vivienda, la sanidad, el derecho a la educación, los derechos laborales, etc., la extrema derecha escoge otra vía de escisión en torno al origen étnico de los individuos en busca del clásico chivo expiatorio al que culpar de todos los desajustes y disfuncionalidades de un Occidente que ha sufrido cuatro largas décadas de distopía neoliberal.

En un mundo así, la solución de los problemas reales ocupa un lugar muy secundario en la lista de prioridades. Lo que importa son los reclamos políticos y crear una atmósfera de constante pánico hacia las sucesivas pandemias, hacia Rusia, hacia China, etc. Se habla abiertamente por parte de individuos como el flamante nuevo secretario general de la OTAN Mark Rutte o la inefable ministra de asuntos exteriores alemana Annalena Baerbock de la necesidad de sacrificar la sanidad y los derechos sociales en aras de la lucha contra el monstruo ruso, so pena de acabar pidiendo asilo político en Nueva Zelanda o tener que aprender ruso como primera lengua –Rutte dixit–, mientras que la política de incendios de una ciudad tan importante como Los Ángeles se basa en tener a una jefa de bomberos negra y lesbiana a la que sin embargo se la deja con diecisiete millones de dólares menos en el presupuesto de su departamento y con las bocas de incendios huérfanas de agua mientras que el matrimonio Resnick controla el 60% del agua del estado de California en régimen de empresa privada, todo ello ante la complaciente mirada del gobernador Gavin Newsom, una de la grandes estrellas del Partido Demócrata y muy probable presidenciable cuando el segundo mandato de Trump acabe en un previsible fracaso. ¿La solución ante un caos semejante? Como siempre, la empresa privada. Cualquier ciudadano de California, un estado muy propenso a sufrir incendios gigantescos año tras año, puede permitirse contratar los servicios de una compañía de bomberos privados por el módico precio de 100.000 dólares.

Al revés de las utopías, que tienden a marchitarse al contacto con la realidad, la distopía tiene una extraña habilidad para retroalimentarse. Ninguna situación es tan caótica o irracional que no pueda desembocar en un dislate todavía mayor, y pronto la ley de Murphy parece el único criterio fiable a seguir a la hora de predecir el futuro. Los grünen alemanes, por ejemplo, no ven ninguna contradicción en que la energía utilizada en Alemania provenga del carbón, el muy dañino para el medio ambiente fracking estadounidense o incluso la energía eléctrica que el país germano obtiene de las centrales nucleares francesas, mientras que dichas centrales son tabú en Alemania. Por su parte, la candidata ultraderechista Alice Weidel, también lesbiana militante, insiste en el clásico mantra empleado por la extrema derecha más reaccionaria desde hace décadas de que Adolf Hitler era en realidad un izquierdista socialista con el que ella y los suyos no pueden sentir ninguna afinidad intelectual ni ideológica. Indirectamente, Baerbock vino a darle la razón cuando afirmó en Praga estar orgullosa de su abuelo, alto oficial de la Wehrmacht y nazi entusiasta, “porque él, al menos, había luchado por una Europa unida”. Se supone que en contraste con el maléfico Vladimir Putin.

En cuanto al cacareado malestar de los neoliberales globalistas de Bruselas con el caudillo supremacista de la Casa Blanca, quizá no sea aventurado imaginar que sea más lo que les une que lo que les separa. En todo caso, lo peor de ser un caniche es que la rebelión contra el amo es casi impensable, incluso en los casos en los que peligra la misma supervivencia.

Veletri