Trascribo tres poemas del cuaderno que Antonio rellenaba cuando le llegaba la inspiración:
1.
La alegría que no decaiga esa es la llave
para sobrellevar esta vida esa es la clave.
La llave está tan complicada que todos tenemos copia,
así como fotocopia. Abramos pues la alegría propia.
La tristeza hay que desecharla enseguida,
no hay que tener pereza o nos mata la vida.
Enseguida venga la risa; corramos, démonos prisa
porque si hay que morir, muramos… pero de risa.
2.
Yo nací y me siento en y de Jerez de la Frontera.
En Madrid tras cuarenta dramáticos y duros años
por perdida doy ya la cuenta de no contar los daños
que con sañas vengativa y cruel no me hiriera.
3.
¿Y cómo no sentir enojo al verme tan desvalido, viejo y cojo?
En tan extraña tesitura me encuentro lamentablemente
y triste lo mismo da por fuera que por dentro.
Sin mi sur ni este ni norte, un camino solo me queda en la vida:
el camino del oeste para paliar la amargura.
¡ESTAMOS RODEAOS!
Era el grito de guerra de Antonio. Lo cierto es que SÍ ha encontrado la salida a los laberintos que le asfixiaban. Su salud estaba machacada, por tantos descuidos suyos, tantos trabajos (intuyo que su EPOC tenía relación con la química de pinturas y barnices) y la puta mala suerte de que hace años sufrió un atropello en un paso de cebra. A pesar de muchas adversidades, mantuvo su humor siempre, hasta estas últimas semanas en que sentía que le fallaban las fuerzas para su propia autonomía. Le reconcomía no haber podido contactar con sus hijas y posibles nietos, pero sus intentos de reconciliación fueron infructuosos; no así con sus muchos hermanos a los que expresó su afecto a pesar de muchos desaires que sufrió. Doy fe de que era el más inteligente y cultivado de su familia, el más generoso y también sensato… a su forma.
En otros tiempos o con otra familia, su inteligencia natural y deseo de aprender le hubieran llevado a estudiar, aunque fuera en el seminario menor donde tantos chicos de pueblo lograron alejarse de la miseria y alcanzar la universidad. Hubiera sido un buen maestro, como su admirado don Jesús, que en año y medio le avanzó tres cursos porque leía con soltura y entendía al vuelo cuanto se le enseñaba. Pero el hambre de posguerra era terrible para una familia de siete hermanos, padre desaparecido y madre jugándosela con el extraperlo, que pasó meses de cárcel por culpa de esa persecución a los pobres para que sólo el rico hiciera negocios, envuelto en la bandera fascista.
Ha sido un privilegio las muchas horas conversadas acompañadas con una cerveza y él con su sangría sin alcohol y sus aceitunas. Nació el día de Navidad del año 42. Su vida en un barrio de las afueras de Jerez: con ocho años de lazarillo; con diez, en los cortijos; con 14 en la fábrica de ladrillos. Su mili de dos años en el Sáhara, como paracaidista porque se pagaba mejor y como tirador de primera gracias a su buen pulso y mejor vista. Sus años en Barcelona, de pintor (de brocha gorda pero detallista) para los estudios de cine y la huelga y manifestación que le hizo escapar a Madrid por haber tirado un enorme pedrusco a un guardia civil. Allí ya estaba casado y con la primera hija de las cuatro que tuvo. Su trabajo en la construcción y su compromiso en las reivindicaciones laborales con la huelga de Fuenlabrada con piquetes y barricadas de neumáticos ardiendo. Se negó a traicionar a sus compañeros a cambio de un chalet para su familia… de los pocos coherentes que lo han hecho en esta España de pícaros y ladrones, aduladores y aprovechados, trepas y señoritos que sabían qué débil es la moral cuando brilla el oro.
Horas hablando de política y de esta sUciedad, Zoociedad o lo que sea esta amalgama de gente, individuos que no creen en lo colectivo y menos se implican en la lucha por mejorar… salvo el coche, la casa o el lugar donde hacer turismo y poder jactarse en internet. A Antonio le bastaban unas gambas para sentirse feliz, añoraba cuando las compartía con su familia y procuraba agasajar a quien llamara a su puerta.
Antonio, tras 83 años y medio, ya descansa de sus achaques, de los tremendos latigazos que sentía su pierna fantasma cuando iba a cambiar el tiempo, de los dolores de infarto de su corazón enfermo, de la terrible agonía de sentir que no le llegaba oxígeno a sus maltrechos pulmones.
Fue autodidacta: su libro de cabecera "Las mil mejores poesías de la lengua castellana", de J. Begua. En su cuaderno, este listado de autores que deseaba explorar sobre el tema de Don Juan Tenorio, allá por 2013: Lord Byron, Espronceda, Puskin, Zorrilla, Azorín, Marañón, Moliere… Son sus palabras las que corresponde escuchar:
4. Perdón. (fechado en marzo de 2013)
A los que quise o no ofender queriendo o sin querer.
A los que no entendí, a los que no me entendieron.
A los que dañé.
A mis agresores. A mis víctimas.
A quienes quité. A quienes no di.
A mi mujer e hijas sobre todo.
A mi familia de igual modo.
A quienes con o sin razón pude quizás herir.
Perdón.
5. (4/6/2013)
Todo lo destrocé, lo tiré por la borda.
Amores, familia, dinero, hasta la honra
si alguna la tuve la desprecié.
Será tal vez por eso, quizás
que ahora solamente recojo
parte o todo de tanto mal como sembré.
A mí ni me quieren ni me nombran
ni me visitan en el hospital
pese a que me dejaron ya cojo
así fui...así que soy un criminal!
Y no digo que el que esté libre de culpa
que tire la primera piedra porque
¡me lapidan y me entierran!
6. Condenado estoy a muerte: je, je, ya me puedo reír,
pues aunque me asista la suerte, sé que todos vamos a morir.
pero si alguno no muriera eso sería un verdadero milagro.
Si yo en milagros creyera. Por eso ni lo creo ni consagro.
Será un cuento o truco del almendruco por arte o magia
mezclado con el estuco y con el arte de la aerofagia. PROUMM (sic)
Pues así miraba la vida y la muerte Antonio R.L, con humor y con su gran corazón, con irreductible gusto por las mujeres y con la mano entre derrochona y generosa. Una vida que no cabría en un libro (en ese libro que me decía que debía escribir algún día) tampoco cabe en esta entrada. Pero su recuerdo, leve pero intenso como una buena colonia, sí permanece en cada persona que le conocimos. Me jode no haber estado a su lado sus últimos momentos, porque la aviesa Parca no avisa. Pero me tranquiliza saber que no sufrió una larga agonía: se pudo ir en paz.
A algunos, cada "B.d." que leamos nos recordará a OLORA, su humor y su generosidad.
"TENÍA QUE DECIRLO": Antonio dijo lo que sentía, con su honestidad y sus contradicciones.
Sentido Común,
en nombre de tod@s tus compañer@s del Coral
y de TU Blog para siempre, Antonio.



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