sábado, 6 de junio de 2026

BRICS O BROKEN

Durante años pareció como si el poder omnímodo de Occidente y especialmente de los Estados Unidos sobre el planeta estuviera resquebrajándose. Estaban surgiendo estructuras alternativas al FMI, al Banco Mundial, a la OTAN, tales como el Banco para el Desarrollo, dirigido por la anterior presidenta del Brasil, Dilma Rousseff, a la vez que numerosos países del África y de América Latina se alejaban de la órbita de Estados Unidos, acompañados por la correspondiente satanización de sus respectivos gobiernos por parte de los medios de propaganda occidentales –o sea, prácticamente todos–, e incluso el dólar estaba perdiendo parte de su papel como divisa internacional preponderante, con una importancia cada vez mayor del yuan. Cierto que los BRICS nunca se habían definido a sí mismos como un poder alternativo o enfrentado al yanqui, pero los hechos hablaban por sí solos. El FMI corría el riesgo de perder al menos parte de su poder para influir en las decisiones de otros países. Más inquietante todavía, el club de los BRICS incrementaba sus miembros con cada nuevo año.

Todo aquello generaba ingentes problemas que los think-tank estadounidenses tenían que confrontar de alguna forma. El hecho de que la economía real de China superase a la norteamericana ya en el 2014 y que Rusia fuera poco a poco saliendo de su postración post-soviética eran todos hechos que suscitaban una enorme alarma. Por no hablar de la impertinencia de los países como Venezuela, Cuba o Nicaragua en el propio continente americano que querían decidir sobre su propio destino y sus propias riquezas naturales sin ser aplastados por la dominación yanqui.

La tarea de reconquista empezó ya con el caduco presidente Biden, tan añorado ahora por el aparato oficialista del Partido Demócrata. Los planes para usar a Ucrania como ariete en una guerra por poderes contra Rusia fueron madurando durante años en los círculos intelectuales del Deep State yanqui. Buscaban aprovecharse de todo el rencor dejado en las mentes ucranianas por el famoso Holodomor, del culto que muchos ucranianos seguían conservando hacia Stephan Bandera, a quien no se veía como el genocida nazi que fue sino como al principal héroe que luchó por la independencia de Ucrania, e incluso de la idea de la supuesta superioridad racial de los ucranianos de origen nórdico frente a los de origen eslavo. Las tentativas por acelerar el odio entre estas dos comunidades étnicas dentro del mismo país se intensificaron con el golpe de estado del Maidán del 2014, momento en el que la supuesta joven democracia ucraniana empezó a tomar los rasgos dictatoriales que se han acentuado de manera definitiva bajo el mandato del actual presidente Zelenski, al que su etnia judía al parecer le exime de responsabilidad del hecho de que prácticamente toda la espina dorsal del actual ejército ucraniano esté compuesta por elementos del famoso Batallón Azov y el llamado Prabi Sector, organizaciones que los mismos países occidentales calificaron como neonazis hasta el mismo inicio de la guerra de Ucrania. El cariz definitivo de esta estrategia lo marcó un informe de la Rand Corporation en la que se planificaba metódicamente todo lo que ha venido ocurriendo en Ucrania hasta el presente, dando por hecho un conflicto armado con Rusia. Joe Biden, cuyo hijo Hunter era un alto ejecutivo de la compañía energética ucraniana Burisma, no tuvo por supuesto el menor reparo en seguir adelante con todos estos planes. Mediante provocaciones muy estudiadas pero negadas de manera sistemática por los medios occidentales, tales como el bombardeo constante de la población civil étnicamente rusa del Donbass, el constante coqueteo con el ingreso en la OTAN e incluso la petición de Zelenski, el gran demócrata que había prohibido doce partidos políticos por su condición de “prorrusos”, de que Occidente pusiera a disposición del gobierno de Kiev armas nucleares, se consiguió que por fin Rusia mordiera el anzuelo y empezara la guerra que todavía está desarrollándose. Este fue un golpe maestro por parte de Estados Unidos. Tras la ofensiva rusa en Ucrania, los lideres globalistas que actualmente gobiernan Europa, por no hablar de los revanchistas alemanes y bálticos más recalcitrantes, encontraron el pretexto perfecto para dejar de comprar petróleo y gas natural rusos y empezar a adquirir gas licuado y petróleo de fracking a precios mucho más elevados, aunque fuera al precio de arruinar, por ejemplo, la industria automovilística alemana y a gran parte de su industria pesada.

Pero hay algo que le puede resultar aún más beneficioso al globalismo, y es sustituir a un presidente gaga y presuntamente civilizado por otro que sea un nazi poco menos que declarado, pedófilo y racista, además de narcisista irrecuperable. En realidad, ese esperpento con forma humana al que se conoce por el nombre de Donald Trump no está haciendo sino hacer realidad los sueños húmedos más delirantes del globalismo y el fascismo más desatados. Si bien el genocidio de Gaza ya llevaba más de un año de desarrollo cuando Biden dio fin a su presidencia, Trump y su inseparable socio –¿o dueño?– Netanyahu supieron llevarlo a los más altos niveles de virtuosismo que es capaz de alcanzar el cinismo. Nunca podremos saber con total seguridad hasta que punto Netanyahu se vale de los archivos de Epstein para condicionar la actitud claramente genocida del frustrado Premio Nobel de la Paz de pelo naranja y embarcar a los Estados Unidos no sólo en una estrecha colaboración con el genocidio cometido por Israel en Palestina y Líbano, sino para iniciar una guerra abierta contra Irán, por cierto, otro miembro de los BRICS. Todo esto aderezado con el golpe de estado perpetrado en Venezuela contra Maduro con la evidente colaboración de altas autoridades de ese país y las constantes amenazas contra Cuba, por no hablar del golpe de estado en Bangladesh que llevó al gobierno al ilustre timador Muhammad Yunus –este sí, Premio Nobel de la Paz–, y la llegada al poder en Siria de los yihadistas de Al-Nusra, la rama local de Al Qaida, convertidos de la noche a la mañana en flamantes demócratas por los medios occidentales, por mucho que estén perpetrando de manera constante tremendas matanzas contra las minorías étnicas y religiosas del país.

Ante todas estas acciones exitosas de la recolonización occidental, cabría preguntarse cuál ha sido la reacción de los países miembros de los BRICS. Y es justamente esta reacción desigual por no decir timorata y/o inexistente la que revela todas las debilidades del bloque. Desde la negativa del presidente brasileño Lula Da Silva a admitir a Venezuela en el seno de los BRICS, entre otros motivos para mantener a Brasil como primera potencia económica de América Latina, al indecente viaje de Narendra Modi a Israel en pleno genocidio de la población palestina con discurso solemne en el Knesset incluido, pasando por los titubeos y cambios de postura constantes de China, que un día poco menos que amenaza al gobierno de los Estados Unidos en diversos frentes como que al día siguiente vuelve a buscar acuerdos comerciales con Washington, que viene a ser algo así como firmar un contrato matrimonial con Jack el Destripador, ya que Estados Unidos sólo respeta los tratados que firma cuando y mientras le convienen. Con Rusia implicada hasta las cejas en la cada vez más incierta guerra contra la OTAN en Ucrania, y con una India que sufre una especie de síndrome de Estocolmo hacia sus colonizadores y genocidas británicos por no hablar de su obsesión islamofóbica, el Deep State yanqui más sus cómplices anglosionistas se encuentran con pocos obstáculos para consolidar su tiranía planetaria, basada en el terror militar, el dominio de internet, el control de la propaganda tanto de Hollywood como de los grandes medios generalistas y los instrumentos financieros y fondos buitres como Blackrock, y la gran banca. Haría falta mucho más esfuerzo y convicción para alcanzar el famoso multilateralismo propugnado por tantos líderes políticos como alternativa al tecnofeudalismo neoliberal por el que Occidente parece haberse decantado definitivamente. En cuanto a Trump, es un peligrosísimo bufón genocida que puede acabar transformando a la república teocrático-financiera macartista norteamericana en un estado definitivamente neonazi, cosa que veremos en los próximos meses en las famosas elecciones de medio mandato estadounidenses. Pero sea quien sea el próximo presidente USA, demócrata o heredero de Trump cuando no el mismo anciano pederasta si sus planes más demenciales tienen éxito, no puede caber duda de que se beneficiara enormemente de la incapacidad de los BRICS para convertirse en una auténtica alternativa de liderazgo global frente al Occidente eternamente colonialista.

Veletri

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