Se me ha ocurrido una maldad, después de tragarme la Crueldad sin guión de SIRAT y el pastiche elefantiásico del Brutalista. Claro que es la opinión de un mero aficionado al cine.
Mi criterio es como con el vino: me da lo mismo la palabrería del "paso en boca", los aromas de vainilla y el retrogusto exactamente donde amargan los pepinos. Me gusta o no, y luego puedo justificarlo si es porque noto madera, el alcohol no da tufo y la dichosa lágrima… que se cae al pagar el caprichito.
Una peli es una obra completa que me aporta o no durante su proyección y escucha. Después puedo analizarlo con la coherencia del guión o algún giro interesante, con la verdad que trasmiten los personajes en su concepción y en su actuación concreta, etc.
Voy con mi VENGANZA que ni siquiera es nueva, porque Grisson ya sugiere que lo hace en episodio de C.S.I. Las Vegas y hay un libro del 86 "Celia se pudre" de Héctor Rojas Herazo, colombiano. Comparto en primicia mundial mi SUBLIME GUIÓN:
Guión para película WAHSHIYYAH (Crueldad, en palestino)
0. Ni títulos de crédito ni pollas en vinagre: Un cógico QR para quien tenga curiosidad.
1. Un dron sobrevuela una aldea de Cisjordania, primero se ven los olivares centenarios, para hacer bajar la guardia al espectador, pero en seguida se enfocan las precarias casas ya derruidas y a los animales asesinados por los colonos sionistas (COMPROMISO POLÍTICO) Se pasa de una música rock que haría pensar que es un dron yanqui manejado por un hábil chaval desde Tel Aviv, a una tristísima música árabe que nos da a entender que algún/a adolescente palestina está tan desesperad@ que ya no le importa su ejecución cuando le detecten los sistemas de inteligencia israelíes. (ESTO SE ENTENDERÍA EN UNOS POCOS MINUTOS, PERO COMO SOY EL DIRECTOR ME VOY A PASAR TRES PUEBLOS HASTA QUE MIS VÍCTIMAS SE REMUEVAN EN SUS ASIENTOS, QUE SOY UN PROVOCADOR, LEÑE).
2. Como era de temer, las imágenes descontroladas que toma el dron reflejan que quien lo dirigía ya no está vivo (muerto o herido y detenido en la cárcel sionista es equivalente). El dron acaba en tierra, pero escorado, de forma que el enfoque sea original y eso obligue permanentemente a doblar el cuello para percibir el horizonte. Va a caer donde resulta más asqueroso: enfocando a un famélico caballo de labranza destripado y con media cabeza reventada. Todo mamífero nos evoca cierta afinidad, pero es que los equinos en el mundo mediterráneo fueron quienes nos permitieron obtener frutos del campo y luego poder trocarlos a cierta distancia. Incluso un niño que nada sepa de eso ha visto hermosos caballos de exhibición y se ha sorprendido de su porte, de su pelaje y de la profundidad de su mirada. Así que: golpe en toda la boca del estómago, acompañado con un silencio sepulcral, nunca mejor dicho.
3. Ahora empieza lo güeno, güeno. Dejo al dron grabando ese plano unas cuantas horas. Antes el celuloide era caro, tanto para grabar como para distribuir. Ahora todo es digital y podría enviar copias simultáneas a las 200.000 salas de cine que quedan en el mundo… además de a mis incondicionales suscriptores de pago que la han recibido unas horas antes como primicia. El pobre espectador tiene la vana esperanza en que en algún momento se active la cámara rápida y que la putrefacción de la yegua (resulta más cruel que sea hembra porque era doble riqueza para la familia) empiece a percibirse, o que se convierta en momia antes de ser el propio espectador quien quede taxidermizado. Vana esperanza de nuevo…
4. Pongamos que han pasado 10 minutos de silencio acongojante (ya lo era desde los primeros 10 segundos…) y surge el primer cambio. No en la imagen: es el rumor de las moscas que acuden a las partes blandas del cadáver: sabemos por experiencia que la sangre las atrae hacia cualquier herida sin cubrir. Empieza un creciente fragor que no viene de la pantalla, sino de arriba de la cabeza de los espectadores. No son moscas reales, tan desobedientes, sino drones con forma de mosca cojonera que emiten ese ruido a suficiente distancia para no llevarse un manotazo. Pero el asco es atroz: asociamos ese zumbido con unas moscas que se ven poniendo sus huevos en los bordes de cuero del animal ¿agonizante? Venga, otro toque "sutil": es un bicho viejo comprado a un matarife, se le ha matado con sedación mucho más digna que la habitual… pero la "magia" de los efectos especiales puede hacer que pensemos que le queda un aliento de vida. Ya sea con un globo que infle sutilmente sus pulmones o con el tratamiento informático tan aséptico pero tan creíble.
5. La técnica adelanta que es una barbaridad, y aunque sólo han pasado horas de la muerte del animal, podemos permitirnos la licencia poética (necrofílica) de soltar un sutil toque de aroma a putrefacción. Nada que provoque arcadas, sólo esa sensación de sentirse dentro de esa escena de horror donde un animal ha sido asesinado sólo para que sus dueños se MUERAN DE HAMBRE.
Fotograma de la película "Hacia rutas salvajes" (Into the Wild - 2007)6. ¿Ponemos algo de acción?: Logramos con un cebo previo que un can sarnoso acuda cuando le soltemos desde fuera de plano. Ahí ya hay "nuevo tema", con toda la improvisación del hambre del perro, si se queda o se lleva el cacho que logra desgarrar. Sería el momento perfecto para poner en off la voz de algún ministro de ultraderecha, pero eso supone acabar como el periodista Jamal Khashoggi en el consulado saudí. Mejor no.
7. ¿Han pasado 2 o 3 horas? Lo cierto es que cualquiera tiene ganas de mear, o de vomitar, o de llamar de todo al director, al amigo gafapasta que se la recomendó y al crítico de cine que puso los ojos en blanco ante tanta originalidad y transgresión. Para evitar un absoluto fracaso en taquilla, nada mejor que un HAPPY END: se escucha un hermoso poema palestino, sobre su amor a su tierra milenaria, se sobreimponen las bellas letras árabes sobre la zona blanca del cadáver y se subtitula, para que nadie crea que es un anuncio de matamoscas ni de desinfectante.
PERO LO MEJOR ES MI CONFERENCIA, CON MI PRESENCIA Y MI ADMIRABLE SAPIENCIA:
Vamos a ver, pobres mortales que creéis en los genios del Séptimo Arte del siglo XX, YO SOY EL QUE SOY, Iluminado mucho más que un Sufí y más sabio que Fassbinder, dónde va a parar. Os cuento, tomad nota:
1- Hablo de la Muerte, de la de cada uno de ustedes: de su deseo de estar muertos antes de seguir soportando esta paja mental.
2- Hablo del inexorable paso del Tiempo: de estar pensando ¿cómo pudo sucederme a mí? meterme en un cine en lugar de darme un voltio con los colegas que sólo ven La isla de las tentaciones. Pensar qué de cosas podría haber hecho en estas tres horas de estupor y hastío. Hasta hubiera abierto un libro, con tal de librarme de este truño.
3- Hablo de la Dignidad de los animales, de la yegua, del perro y de las moscas, en el Ciclo de la Vida (hakuna matata o Bruce Lee, a elegir). Las interacciones, toca a cada uno y su magín.
4- Hablo del campo, de los olivos, de la tierra, de las casas, de los tejados, de la puerta, de las paredes, del sucio suelo donde chorrean las tripas del animal… ¿No han apreciado el paquete vacío de tabaco que hemos puesto en plano? Tambien es intencional la lata aplastada de Coca-Cola: evoca la complicidad de colonos y yanquis, qué sutil… Todo es metáfora, todo es evocación, todo sugiere lo que no está y hasta lo que no existe, también.
5- Hablo de la guerra tecnológica con drones y de la violencia ancestral con machetes, hablo de la desigualdad de medios, hablo de una guerra que ya no es televisiva porque cansa y es sucia. Hablo que los seres vivos sufren casi tanto como nosotros, y ya que estamos acorchados ante el horror audiovisuales, os he traído esa presencia de las repugnantes moscas y del hedor de la muerte, sólo dentro de lo que un ser humano puede resistir sin vomitar.
Hasta aquí mis Enseñanzas de HOY. Tengo que reservar sorpresas para cuando me vayan nombrando Doctor Honoris Causa en cada Facultad internacional. Hay muy distintos mensajes que iré pariendo con mi equipo de marketing: sobre Cambio Climático, sobre la economía Capitalista, sobre la Infinitud de las lombrices y sobre la volubilidad del mercado de cryptos. Porque TODO, TODO, TODO está en mi película: lo aprendí de Dalí y le fue cojonudamente.
Así que, señores, puerta que tengo que besarme con ese espejo que hace horas me contempla con arrobamiento… no me extraña, claro.
Sentido común